El 28 de junio de 1914, cuando Evaristo Bofill Bonay estaba a punto de cumplir 20 años, en Sarajevo (Bosnia-Herzegovina) es asesinado el Archiduque Francisco Fernando, heredero al trono de Austria. Este atentado llevó al Emperador Guillermo II de Alemania, a salir en auxilio de su aliada Austria, e hizo que comenzara así la llamada Gran Guerra, o Primera Guerra Mundial. Para entonces Evaristo Bofill Bonay estaba estudiando Ciencias Químicas en la Universidad de Barcelona y viviendo con su padre Federico Heras en la calle Rosellón 166, 4º piso. Cuatro meses después del final de la Gran Guerra, el 19 de marzo de 1919 (83) se casó con su primera esposa Joaquina Usac Mutós, en la iglesia de Nuestra Señora de la Bonanova.
Bendijo la unión, el Rvdo. P. Francisco de Barbens (capuchino). A la novia la llevó al altar su concuñado Antonio Biarnés Vila, ya que el padre de Joaquina había fallecido tres años antes. Fue padrino del novio, su profesor el Dr. D. José Pascual Miralles. Tampoco fue padrino el Sr. Bofill i Pichot, que seguía gozando de muy buena salud. Evaristo B. Bonay y Joaquina Usac, tuvieron una niña y un varón: Adelina o Adela (así llamada por la madre de él) y Santiago (por el hermano de ella, fallecido de viruela en marzo de 1903, cuando contaba con cinco años y ella tenía siete). Al quedar viudo, Evaristo contrajo segundas nupcias con Teresa Mercadé Turdiu, el
día 7 de noviembre de 1925 quien, a los veintitrés días del matrimonio, le dio a su primer hijo: Federico (así llamado por razones obvias). Más tarde le dio otros nueve hijos, seis varones y tres niñas. A ninguno de los varones le puso de nombre “Evaristo”, el nombre de su padre putativo. Desgraciadamente, dos de los hijos murieron muy jóvenes. La una (Mercedes Adelina Caridad) nacida en Cali el día 22 de septiembre de 1928 y fallecida también en Cali, y el otro (Alberto) fallecido el día 8 de mayo de 1933 en Barcelona (50), recién regresados de Colombia. Evaristo Bofill ejerció de empresario en Cali, en el Valle del Cauca, a unos quinientos kilómetros de Bogotá, donde vivió cinco años. Allí instaló un tostadero de café que fracasó, y más tarde compró un hotel, que tampoco le fue muy bien. A su regreso a España, después de pasar por varias ciudades, como Barcelona, Palma de Mallorca, Málaga y Coín, se estableció en Ibiza donde se dedicó a realizar análisis clínicos y bacteriológicos. Recuerdo de mi pubertad, en las aburridas tardes del invierno ibicenco, largas y agradables conversaciones frente a un par de vasos de agua, con mi abuelo Evaristo Bofill Bonay, “el Pape”, quien poseía una cultura y conocimientos históricos, muy por encima de la media de la sociedad de la década de 1960. Como testigo, la agradable compañía de su esposa Teresa Mercadé Turdiu, “la Mame”, abuela mía, si no de sangre, sí de todo derecho, cariño y devoción, al igual que mi otra abuela materna por adopción, Filomena Bofill Bonay.