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ENSAYO BIOGRÁFICO DE JOSÉ HERAS ROLDÓS 1ª PARTE


                                                                         PRÓLOGO

   Tengo que empezar este borrador biográfico de José Heras Roldós, reconociendo que es muy difícil conseguir documentos fidedignos sobre él, aunque poco a poco vayan emergiendo cada vez más. Prácticamente la totalidad de datos aquí presentados, están perfectamente documentados y contrastados; pero hay unos pocos sin verificar y otros dudosos. Por lo tanto, todo este ensayo está sujeto a correcciones, ampliaciones o anulaciones de unas pocas partes (escasas), no totalmente confirmadas, por falta de autenticidad en las referencias que las avalan. A medida que vayan apareciendo nuevas informaciones que así lo aconsejen, se corregirán. De hecho, el principio de esta experiencia cabía en un folio, basado únicamente en el relato llegado a mis oídos, en el que yo sólo sabía el apellido de su hijo, que era “un tal Heras, amigo de la familia”. No sabía si era con hache o sin ella. No sabía si era con el artículo “Las” o sin él. No sabía si llevaba la preposición y artículo “De Las” o no llevaba nada. Al ir apareciendo documentos, el borrador se ha ido ampliando y engrosando. Otrosí digo, y es que si algún lector, dispone de información o documentación que yo desconozca, agradeceré me la transmita. Este borrador consta de 73 folios y la última corrección introducida en él, es del 2 de febrero de 2026.

   Este estudio está basado en informaciones publicadas en las hemerotecas del diario La Vanguardia de Barcelona, de la Biblioteca de Prensa Histórica del Ministerio de Educación y Cultura y de la Biblioteca Nacional de España, en su Hemeroteca Digital; en el Archivo Municipal de Barcelona; en los almanaques del Diario de Barcelona de diversos años; en el semanario “El Veraz” de San Juan de Puerto Rico; en la tesis doctoral de Dña. M.ª Concepción Chillón Domínguez, sobre el pintor Ramón Martí Alsina; en el estudio de Dña. María de los Santos García Felguera, de la Universidad Complutense de Madrid, sobre la compañía fotográfica “Napoleón”; en datos de la Historia y Arqueología Marítima de la Fundación Histarmar; en datos obtenidos en el Museo del Archivo Diocesano de la Basílica de Santa María de Mataró; en documentos recogidos en la Universidad de Barcelona; en los Registros Civiles y de la Propiedad de Barcelona y de Ibiza, y en el Registro Civil de Coín (Málaga); en el Registro de “Cementiris de Barcelona”; en el Archivo Histórico de la ciudad de Barcelona (AHCB); en el Ayuntamiento de Barcelona; en el Archivo Histórico de Protocolos de Barcelona, del Colegio de Notarios de Cataluña (AHPB); en el Colegio de Arquitectos de Cataluña; en el Registro General de Ultima Voluntad del Ministerio de Justicia de Madrid; en la Dirección General del Catastro del Ministerio de Hacienda; en el Departamento de Inmigración de los E.E.U.U. de América; en el “Portail National des Archives” del Ministerio de Cultura de la República Francesa; en las páginas de genealogía francesa “Geneanet” y “Filae.com”; en la “Association Catalane de Généalogie” de Perpiñán; en el libro “Els Bofill de Viladrau” de la editorial “El Ciervo 96” y otros. Mención especial merece la “Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días” (mormones) en la que he obtenido numerosos y valiosísimos documentos, que me han ayudado a estructurar cronológicamente este ensayo.

   El origen procede de relatos transmitidos de padres a hijos, concretamente de Adela Bonay Carbó y Federico Heras Sagristá, a los hijos de ambos, Evaristo y Filomena Bofill Bonay, que vivieron y formaron parte de esta historia. De estos, a la segunda esposa de Evaristo, Teresa Mercadé Turdiu y de estos tres, a los hijos de Evaristo Bofill Bonay. La hija mayor de Evaristo, Adela Bofill Usac, contó esta historia familiar de forma pormenorizada a su hijo Alejandro, autor de este trabajo.

   Con toda la información fiable, contrastada y documentada, en algunos casos, cabe hacer conjeturas lógicas, a modo de silogismos o proyecciones, ya que de otra forma, sería imposible conocer la trayectoria de D. José Heras Roldós y de las circunstancias que le rodearon; porque con la Ley de Protección de Datos Personales de 1999, es muy difícil (cuando no imposible) a cualquier ciudadano, buscar documentos de sus antepasados y, como digo, no existen muchos escritos públicos sobre este señor, que permitan trazar una biografía perfectamente fiel, amplia y completa de su persona. No está pues, este estudio, absolutamente ajustado a su historia, aunque su intención sea la de ser lo más acertado, documentado y riguroso, con el solo interés de reivindicar su buen nombre, su hidalguía y su generosidad; desmontando así, una larga e interesada ucronía familiar y reubicándole en su merecido puesto, dentro del ámbito y del árbol genealógico de la familia. Aunque sus descendientes no lleven su apellido por circunstancias ajenas a él. A falta de que alguien encargue a investigadores o historiadores profesionales, que hagan una biografía oficial del personaje (algo difícil de imaginar, ya que, una vez consumida toda su herencia tangible, existe un interés de la práctica totalidad de sus descendientes biológicos, en olvidar todo lo que tenga que ver con él y con su hijo Federico Heras) este ensayo contiene lo que yo he encontrado y he podido entretejer hasta ahora.

   Para comprender un poco al personaje y sus hechos, continuamente tenemos que hacer el esfuerzo de intentar retrotraernos a los momentos históricos, políticos, culturales y sociales en que transcurrió su vida. Si no lo hacemos así, y le miramos como una foto fija a todo color, hecha en el actual siglo XXI, no comprenderemos nada de él, de sus actos, ni de las personas que le rodearon. Asimismo, este estudio está plagado de fechas y datos que, para seguir una lectura cómoda, hay que obviar o pasar por alto; pero dentro de los cientos que he podido conseguir, los que aquí aparecen, es porque he creído conveniente no omitir, por si en algún momento han de servir de apoyo o referencia para posterior búsqueda, y las entradas que aparecen en el blog (65) son una mínima parte de toda esa documentación, que la inserto como muestra escalonada en el tiempo, de la estructura documental en la que está basado este ensayo.

   Los números entre paréntesis corresponden a datos y documentos en mi poder. (R.F.) entre paréntesis corresponde a relatos familiares. (C.N.) Certificados de nacimiento. (C.D.) Certificados de defunción. (T.) Testamentos.


 

                                                                           ENSAYO

 

   No se sabe muy bien en qué momento, ni dónde aparece el apellido Heras en España, como ocurre con muchos de los apellidos topónimos antiguos. Hay quien opina que procede de Las Hurdes en Extremadura, o de Guadalajara. Los más, creen que nació en Cantabria, en la Alta Edad Media. Como sea, lo que sí está comprobado, es que hay constancia de que personas con este apellido, habían demostrado su nobleza e hidalguía, en la Real Chancillería de Valladolid, órgano judicial establecido por Enrique II de Castilla en 1371. Aparece este apellido en el libro del “Nobiliario Español”, con esas mismas pruebas de hidalguía. También aparecen ramas de este apellido, ya en la Baja Edad Media, en Galicia, Canarias, Navarra y Aragón. Esta última es, al parecer, la que a nosotros nos interesa. En las tres provincias aragonesas, se pueden encontrar casonas que conservan en sus fachadas, los blasones de los linajes de los Heras y que, aún hoy, están habitadas por sus descendientes. Aquellos eran los Infanzones de Aragón, más tarde llamados Hijosdalgo o Notorios de Sangre. Título nobiliario de rango medio que se heredaba de sus antepasados los Hidalgos, y que difería del de Caballeros Pardos (de inferior categoría) en que este último lo concedía el Rey por privilegio, cuando el anterior se conseguía por antigüedad de linaje y herencia de sus antepasados, en reconocimiento a su valor.

   Con toda seguridad, algunos de los Heras se mudaron del Reino de Aragón al Condado de Gerona. Condado primero, Veguería después, que llegó a acuñar moneda propia, pero que desde que Luis II de Francia “el Tartamudo”, se lo concedió a Wifredo el Velloso en el año 878, estuvo siempre unido al de Barcelona. Hasta que Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, y Petronila de Aragón, heredera al trono aragonés, contrajeron matrimonio a mitad del siglo XII, en 1150 concretamente (boda que se concertó, cuando ella contaba sólo un año de edad) donde se demuestra ya, la supremacía económica, social y militar del Condado de Barcelona sobre el Reino de Aragón. De esta forma se fundó, lo que vino a llamarse “La Corona de Aragón”. En este siglo XII de gran crecimiento económico en la zona oriental de La Corona, fue cuando se produjo una intensa migración de aragoneses a Cataluña. Como colonos unos, como soldados de fortuna otros, como Caballeros Hidalgos los menos. Habida cuenta que los grandes nobles tenían potestad absoluta en las ciudades, amuralladas en su mayoría, pero no en el resto del territorio, este estaba en poder de los señores feudales, que necesitaban de la contratación de Caballeros e Hidalgos, hombres de armas en su mayoría, para mantener sometido al campesinado (cada vez más indignado por la falta de tierras de labranza) y al resto de vasallos, para que pagaran los tributos. Este es el momento, en que creo que varios de los Heras se mudaron a los Condados de Gerona, Osona y Belasú, como parece desprenderse del estudio de una de las ramas; concretamente de la familia Heras del Puig que nos remonta a 1274 en la construcción de la casa Heras d´Adri (1).

   Y de esas Veguerías fueron migrando al resto de Cataluña, donde el apellido Heras es bastante común, ya que, además de estos Heras con más de ocho siglos de antigüedad en Cataluña, durante los siglos XIX y XX, en estas provincias catalanas se han instalado muchas familias Heras, procedentes de otras partes del territorio nacional.

   Los Heras, al igual que los nobles de superior rango, disponían de escudo de armas o blasón. Entre ellos, hay uno con dos leones de sable, puestos en palo sobre campo de oro y bordura de gules. Otro que consta de un muro de plata con una estrella de ocho puntas en la parte superior y en campo de sinople. Otro con dos águilas de oro, puestas en palo, sobre campo de sinople también.

   El de los Heras de Zaragoza tenía dos lobos de azur, puestos en palo, sobre campo de oro y bordura de gules. La mayoría de estos títulos nobiliarios, se fueron perdiendo en el siglo XVIII con la Ilustración y la llegada de los Borbones, al tener que pagar a la Hacienda Pública por trasmitirlos a los descendientes.    
   Una vez ubicados, para ver con perspectiva de pasado al personaje, podemos dedicarnos a su persona, sobre la que repito, se dispone de poca documentación, entre otras cosas, porque si de algo se puede estar seguro, es de su discreción, su señorío y buenas maneras. Además, los pocos documentos existentes, tuvieron que sobrevivir a una quema de conventos en 1835 y a una guerra civil, un siglo más tarde, con quema de iglesias y bombardeo de instituciones, que dejaron al país sin la mitad de documentos históricos que, en mi caso, me ha imposibilitado conseguir alguno de ellos, por haberse destruido. 
   Nacido José Heras i Roldós en la ciudad de Barcelona, en el seno de una familia católica. Hijo de Antonio Heras. Cerrajero barcelonés que nació a finales del siglo XVIII, probablemente al empezar la década de 1790. Antonio estaba casado con la señora Gracia Roldós, de la familia Roldós, de Vilassar de Mar, en la costa cerca de Barcelona a unos 7 Km. al sur de Mataró. Antonio Heras tenía una hermana mayor: Josefa. Nació alrededor de 1775, y casó con Francisco Mitjavila Basté en enero 1797. La familia Heras, estaba emparentada también con las familias Vila, Badía y Abellá. Todas estas familias, poseían terrenos de labranza en las afueras de Barcelona, camino de la cercana población de Vila de Gràcia, heredados de generaciones anteriores y arrendados a aparceros, o trabajados por ellos mismos, como en el caso de algún Mitjavila. Para hacernos una idea del momento histórico en que nació Antonio Heras, basta recordar que, en esa década, Luis XVI, rey de Francia y de Navarra y su esposa María Antonieta de Austria, fueron guillotinados después del asalto a las Tullerías, proclamándose la Primera República Francesa. O un poco más cerca, aquí en España, D. Manuel Godoy, personaje turbio y conspirador donde los haya (apodado irónicamente "Manolo Primero" por su relación con la reina) de origen hidalgo también, como Primer Ministro y Secretario de Estado de Carlos IV (el rey cornudo) iba preparando el terreno, para que Napoleón Bonaparte nos invadiera en 1808 y obligara a Carlos IV, junto a su hijo Fernando VII "El Felón", a abdicar en favor de su hermano José I Bonaparte, más conocido como “Pepe Botella”. Todo lo cual condujo al debilitamiento en nuestros virreinatos y provincias de ultramar, por incapacidad y vacío de poder en la Metrópoli. 
   Según consta en su certificado de defunción, José Heras Roldós nació en Mataró en el segundo semestre de 1824, o primero de 1825. Efectuada una rigurosa búsqueda en los Libros Sacramentales de la Basílica de Santa María, única iglesia existente esos años en Mataró, entre los años 1810 y 1850, los resultados han sido negativos. Comprobando así mismo, que no faltan inscripciones de ninguno de los años rastreados. En sus testamentos y en el resto de documentos a él referidos dicen, sin embargo, que era natural y vecino de la ciudad Barcelona. Por lo tanto, podemos concluir que la naturaleza inscrita en su certificado de defunción es errónea. Quien compareció en el Juzgado para informar de la defunción y dar los datos del difunto, no fue un familiar ni un amigo; fue D. Manuel Lucas empleado de la Funeraria Ferrán de la calle de La Paja 8, donde se compró su ataúd y se encargaron de todos los actos y trámites para el sepelio, por lo que es muy posible el error. En la inscripción de su boda, realizada el día 23 de diciembre de 1848, además de insistir en que es natural de Barcelona, dice que tiene 24 años, por lo que, con toda seguridad, podemos aseverar que nació en la ciudad de Barcelona la segunda mitad del año 1824.
   Era el cuarto de cinco hermanos: Francesc d´Assís, Esteva, Matilde, Josep y María del Carme (2).

   El mayor, Francisco de Asís Heras Roldós, nació en Barcelona en 1813. Se hizo cerrajero, como su padre. Falleció con 58 años de parálisis general (sífilis) en noviembre de 1871, siendo soltero.

   Su segundo hermano, Esteban Heras Roldós, nacido en 1820. De profesión carpintero, casó con la señora Ana Vallcorba Rogés en 1845. Con ella tuvo, al menos, seis hijos: Rosa, nacida en 1845 y fallecida en 1907, soltera. Francisco, nacido en abril de 1847, casado con María Mérida (natural de Granada) y fallecido en febrero de 1891 de parálisis general. Enrique Ramón Joaquín, nacido en Barcelona en octubre de 1848 y fallecido de niño. Joaquina, nacida en 1852 y fallecida en 1856 con tres años y medio. El segundo Enrique, nacido en 1854 en San Gervasio de Cassolas, agente teatral primero, comerciante después. Casado con Antonia Domenech Puig. Falleció en Barcelona de fiebres tifoideas con 38 años, dos días antes que su padre Esteban y en el mismo domicilio, en el mes de agosto de 1892. Los funerales por ambos se celebraron el 8 de agosto en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, en la Diagonal. El sexto y último hijo de Esteban fue Antonio (en la familia se le conocía por su tercer nombre de Ramón) nacido en octubre de 1859, actor de teatro (3) (4) casado con María Durán y fallecido en marzo de 1909 (5) (6). Esteban Heras Roldós falleció de cáncer de estómago en 1892, con 72 años, siendo ya viudo desde hacía cinco años.
   La tercera hermana de José: Matilde Heras Roldós, nació en 1822. Casó en 1858 con José Urell Turuñó, carpintero. Con él tuvo dos hijas: Gracia, nacida en 1858, casada con Vicente Badía Ribas, y Carmen, nacida en 1863, casada con Napoleón Fernández Tiffon. Matilde Heras Roldós falleció de pulmonía en 1901, con 79 años, siendo ya viuda hacía diecisiete años. 
   La hermana más joven de los cinco, María del Carmen Heras Roldós, nació en el año 1834 y falleció siendo soltera, en abril de 1886, de una afección orgánica del corazón. 
  José fue el más longevo de los cinco. Cuando nació, hacía diez años que se había expulsado de España, al gabacho invasor.
  En el curso académico 1840-1841, con 17 años, recibió un premio entre los alumnos del primer año en la Universidad de Literatura e Historia de Barcelona (7). Su primera profesión fue la de cerrajero igual que su hermano mayor y su padre. La ejerció hasta los 38 años, con una etapa intermedia, en la que se vio obligado a trabajar de jornalero y, por lo visto, con ciertos aprietos económicos. Ubicándonos de nuevo en la década de su nacimiento, podemos citar, entre otros hechos, la invención de la fotografía y la declaración de independencia de las provincias de Venezuela, Perú, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua y Méjico entre otras.  
   Para conocer parte de la procedencia del patrimonio de los hermanos Heras Roldós, basta con entrar en el Registro Histórico de la ciudad de Barcelona (8) donde, el 5 de diciembre de 1857, consta en el catálogo de fondos privados y personales, con el número de registro municipal RM.82, que los hermanos Heras se ven obligados, por expropiación forzosa, a vender con carácter perpetuo, unos terrenos heredados de su padre, Antonio Heras. Se los venden a la sociedad anónima “Camí del Ferro del Centre” (también llamada Sociedad Anónima del Ferrocarril del Centro) sección de Barcelona a Mataró. Por esta expropiación obtuvieron el 3% de su valor. Los terrenos eran colindantes con la Riera d´en Malla; canalización natural que recogía las aguas de la zona de Sarriá-San Gervasio y de la Villa de Gracia, que transcurría paralela al Camino de Jesús (actual Paseo de Gracia). Al llegar a las murallas de Barcelona, entraban por la Puerta del Ángel y atravesaban la ciudad bajando por Las Ramblas, hasta salir por la Puerta del Mar. La venta se realiza junto a la señora Eulalia Mitjavila Basté, pariente política de los Heras y de José Vila, propietarios en una tercera parte cada uno, por la que reciben cuatro mil seiscientos reales de vellón (8b).
    En 1862, y según el RM.83, los Heras Roldós reciben una tercera parte de la herencia de la mencionada Eulalia, fallecida dos años antes de una apoplejía.

   En RM.85 en fecha 13 de octubre de 1856 consta el testimonio de propiedad de los hermanos Heras, junto a Matilde Mitjavila Heras y Onofre Vila. Y que esta finca, formaba parte de la herencia de los hermanos José y Matilde Mitjavila Heras.

   En 1864, según RM.86, D. José Durán, apoderado de los hermanos Heras Roldós, solicita certificación de los registros de escritura de la 6/48 porción de la parte del terreno que es de Josefa Abella Mitjavila, que antes era de su madre Eulalia (ya mencionada) que la había recibido por herencia de su sobrina Matilde Mitjavila Heras, que murió de tifus en 1854, soltera y “ab intestato” y que esas tierras venían heredadas, desde principios de mil setecientos, de la familia Malla, que dio nombre a la riera.

   Según RM.92, el día 23 de abril de 1863, los hermanos Heras venden ante el notario Magí Soler i Gelada, a Marcellí Monner i Valentí y a Josep Matheu i Jacas, la cuarta parte del terreno heredado de sus primos, los hermanos Matilde y José Mitjavila Heras, por la que obtienen 266.649,76 reales de vellón (8c).

   El 4 de diciembre de 1872, dos meses antes de proclamarse la desastrosa Primera República en España, los Heras Roldós, sin el mayor Francisco de Asís, fallecido el año anterior, les hacen un requerimiento a los directores de la Compañía de Ferrocarriles de Tarragona a Martorell y Barcelona, reclamando su derecho a retrocesión de los terrenos, ya que la Compañía trasladó la estación que había construido en sus terrenos expropiados, a otro lugar.

   En el RM.106, consta un resumen de los pagos realizados en 1888, a José Heras Roldós, de la parte del terreno que fue de Matilde Mitjavila Heras.

   En el RM.107, consta la declaración de compromiso del reembolso de un pago de dos mil quinientos francos, realizado a través del viceconsulado de España en París, a Josefa y Amanda Badía, hecho por José Heras y José Matheu. Firman en Barcelona el 16 de marzo de 1888, que se repartirán el dinero a partes iguales. 
   Todos estos terrenos estaban, como digo, extramuros de la ciudad de Barcelona. En 1850, la capital daba un censo de unos doscientos mil habitantes (incluidos los de la Villa de Gracia y Sarriá), lo que suponía una de las mayores densidades poblacionales de Europa. Al no existir infraestructuras sanitarias, como agua corriente o red de alcantarillado, hacía que las condiciones de salubridad fueran pésimas. Por si esto fuese poco, se mantenía la costumbre, prohibida por ley el siglo anterior, de enterrar a los difuntos alrededor de las iglesias, hospitales y conventos, lo que contaminaba los acuíferos subterráneos y provocaba continuas epidemias. La media de vida de los ciudadanos era de veinticinco años para los pobres y treinta y cinco para los ricos. Sólo hay que echarle un vistazo al registro civil de la época, para darse cuenta de que Barcelona era una olla a presión que necesitaba expandirse.

  Hacia 1840, los cañones de avancarga empezaron a dejar paso a los de carga posterior o retrocarga y de ánima estriada, con mucho más alcance y potencia de tiro. Este avance bélico, hizo que las murallas de las ciudades fueran totalmente ineficaces y anacrónicas, en el supuesto de un ataque desde el exterior, además de suponer un impedimento para su ensanche. Esto provocó que, en todas las ciudades de Europa, fueran cayendo sus murallas medievales. En Barcelona, después de muchos enfrentamientos entre el Ayuntamiento y el Ministerio de la Guerra, como el que provocó que, en diciembre de 1842, el general Espartero, bombardeara la capital desde el Castillo de Montjuïc, el Ayuntamiento, con gran apoyo popular, consiguió sus pretensiones. Pasados doce años de ese bombardeo, en agosto de 1854, desde Madrid se dio la orden de derribar las murallas. Sólo quedaron las del Castillo de Montjuïc y las de la Ciudadela. Con el proceso de industrialización y el empujón que supuso la Exposición Universal de 1888, el censo pasó a quinientos mil en poco menos de cincuenta años. Los terrenos que quedaron sin expropiar de los hermanos Heras, se iban a convertir en el corazón de la ciudad, con la ampliación y el “Ensanche del Plan Cerdá” (estructuras de manzanas achaflanadas 45º). Esto fue sólo una pequeña parte del patrimonio, a repartir entre los cinco hermanos Heras Roldós. De los cinco, el que más destaca y el que lleva todos los asuntos burocráticos, es José. Probablemente porque era el único que tenía estudios. Así mismo, de los cinco, el que parece haber invertido mejor la herencia recibida es también José. De hecho, con lo que recibió de la expropiación de los terrenos, de la herencia de Eulalia Mitjavila y de la herencia de sus primos, dejó su profesión de cerrajero y, a finales del año 1862 o principios de 1863, montó su empresa de construcción, a la que dedicó el resto de su vida.

    No sabemos con certeza la adscripción política de José Heras, pero atendiendo a su participación económica, en la comisión para honrar la memoria del difunto alcalde de Barcelona en cuatro ocasiones, D. Francisco de Paula Rius y Taulet, declarado sin ambigüedades monárquico y liberal (9) y teniendo en cuenta que, aunque tiene amigos regionalistas, no consta que colaborara con ellos económicamente para la causa nacionalista, se puede suponer que José Heras Roldós era monárquico y liberal (como su nieto Evaristo Bofill i Bonay) por supuesto, no hay rastro de que fuera absolutista o carlista. De lo que no cabe duda es de su sentido patriótico español. En 1896, en plena guerra de Cuba, se organiza en el barrio de Gracia una campaña de recogida de fondos, para los enfermos y heridos de las guerras de Cuba y Filipinas. Se hace a través del semanario “La Campana de Gracia”. El señor José Heras i Roldós consta como colaborador nº 86 (10).
   En cuanto a su filiación religiosa, como ya he dicho, no dispongo todavía de su certificado de bautismo; pero teniendo presente que durante los siglos XVlll y XlX, en España la religión oficial fue el catolicismo, aunque a mitad del XlX se permitiera la libertad religiosa, no fue hasta la constitución de la Segunda República en 1931, que España se convirtió en un estado aconfesional y, aun así, el catolicismo fue la religión practicada por una mayoría abrumadora de la población. Sobre todo, en la sociedad burguesa y acaudalada. Teniendo en cuenta, que cuando muere su hija Enriqueta en 1889, le hace un funeral religioso en la iglesia católica de San Jaime, en la calle Ferrán y al año siguiente, le hace otro funeral en el Real Monasterio de Santa Clara, ubicado junto a las murallas, dentro de la Ciudadela, católico también (11) y observando el capítulo primero de sus testamentos, así como la terminología religiosa que utiliza, nos hace concluir definitivamente, que José Heras Roldós era católico practicante. Y digo más: poniéndose frente a su sepultura, no cabe duda de que era muy creyente y temeroso de Dios. 
   Referente a sus progresos económicos, sabemos que desde que se casó, y mientras fue cerrajero, estuvo viviendo en la calle de la Cendra nº 1, primera planta. Un piso de 47 metros cuadrados. Ahí vivió unos diez años y fue donde tuvo a sus tres primeros hijos, Antonio José, José Francisco y Federico. En 1858, coincidiendo con su época de jornalero, se había mudado a la calle del Carmen nº 37, séptima planta. Un piso de similares características, pero mucho más viejo y de más barato arrendamiento por su altura. Aquí tuvo a su hija Eulalia. Dos años más tarde, en 1860, vuelve a trabajar de cerrajero, pero sigue viviendo en una casa barata de la calle del Carmen nº 1, 7º piso. Ahí tuvo a su hija Enriqueta. Tres años más tarde, en julio de 1863, ya aparece como contratista de obras públicas y viviendo en el primer piso de la calle San Pablo nº 42. Un piso de 121 metros cuadrados. En esa casa de una zona más elegante y cara, fue donde nació su hijo Enrique y también donde falleció con cerca de dos años. Poco después se iría a vivir a la calle Puertaferrisa nº 11-2º, la zona donde vivía la gente más acomodada de la ciudad, de donde ya no se volvió a mudar, más que para bajar al piso primero 1ª en año 1881, cuando lo dejó libre el Dr. Salvat especialista en urinarias y venéreas, y al piso principal 1ª cuando ya tenía ochenta años. Todas estas casas, incluida las de Puertaferrisa, eran alquiladas.
   Después de dejar el empleo de cerrajería y montar, con muy buen tino, su empresa de construcción, sabemos de sus progresos económicos, no sólo por las casas donde vivía, sino por sus grandes inversiones inmobiliarias, para la obtención de rentas por medio de alquileres. Típico de la burguesía del Modernismo Barcelonés de finales del siglo XlX. El 23 de octubre de 1882, cuando llevaba ya veinte años con su empresa de construcción, ante el notario de Vila de Gràcia D. José López i Menéndez, José Heras Roldós compra al Estado, una finca situada en la calle Riera Alta de Barcelona, para construir tres bloques de viviendas. Los nº 48, 50-52 y 54-56. Los construye con su empresa y manda poner un escudo con sus iniciales “J H” en su frontispicio. Hoy día aún se pueden ver esos escudos en los tres portales.
   Además, compra también los bloques desde el 57 hasta el 85, según consta en el anuario de propietarios de Barcelona de 1896 (12). En total son cerca de trescientos pisos de los que obtenía rentas. En ese mismo año, y hasta 1902, figura como propietario del bloque situado en el número 5 de la calle Arco del Teatro, y del bloque nº 344 de la calle Aragón, que alquilaba igual que todos los demás (13). Estos dos bloques los mantuvo hasta el final, y entraron en el inventario de su herencia, legándoselos a su hija política Francisca Farriols Anglada
   Conocemos también, algo de sus inversiones en renta fija municipal. En el año 1897, el Ayuntamiento de Barcelona se anexiona el pequeño municipio de San Martín de Provençals. En principio, el Ayuntamiento de Barcelona dice que no quiere saber nada de la emisión de deuda pública, del anterior municipio de San Martín. José Heras y otro más, presentan una instancia al Ayuntamiento de Barcelona solicitando el pago de intereses y amortización de la deuda del Ayuntamiento de San Martín de Provençals (14). Ese mismo año de 1897, el Ayuntamiento de Barcelona entró en razón y sacó una nueva emisión de deuda pública, que tomó el nombre de “Deuda de San Martín”, para amortizar las deudas contraídas por el municipio de San Martín. Su contravalor se emitía en láminas. Al parecer, esta vez el Ayuntamiento de Barcelona emitió unas láminas de forma legal y otra de forma ilegal. Al vencimiento, los que tenían la emisión legal obtuvieron capital más intereses. Los que disponían de las láminas de emisión ilegal, tuvieron que pasar su calvario para recuperar su inversión, ya que, en 1902 se efectúa un sorteo para la amortización de los últimos títulos que quedaban y en septiembre de 1903 José Heras Roldós, junto a dos personas más, reclama la legalización de sus láminas (15). Poco a poco se fueron regularizando y legalizando todas ellas (16). Por lo visto, invertir en deuda pública de Cataluña en aquellos tiempos, ya tenía sus riesgos añadidos. La situación económica del Ayuntamiento de Barcelona, debía de ser desastrosa, a juzgar por las declaraciones del Sr. Ildefonso Suñol, en nombre de la Comisión Municipal de Hacienda (17), donde sólo el capital de la deuda, ascendía a 97 millones de pesetas y sus intereses a 6,2 millones. La situación económica del Ayuntamiento de Barcelona, no difería de la del resto del país. En 1895 comenzó la guerra de independencia de Cuba. Esos años la mayor parte del presupuesto estaba dedicado al Ministerio de la Guerra. Después de la “Guerra de Independencia Española”, de las tres “Guerras civiles Carlistas” que le sucedieron, de la “Guerra del Pacífico” contra Chile y Perú en la década de los sesenta, de la anterior  “Guerra de los Diez Años” contra Cuba con la "Guerra Chiquita" que le siguió, más todas las guerras que tuvimos en África, las arcas del Estado, estaban totalmente secas (en el siglo XIX y principios del XX, España no salía de una guerra, que se metía en otra, a veces tuvo varias al mismo tiempo. Era la distracción de políticos y militares, mientras que la de la población civil, era la de quemar iglesias y conventos). De ahí la meteórica rentabilidad del 6% de la deuda pública. Rentabilidad que aprovechaban las grandes fortunas como los Marqueses de Comillas y los Condes de Güell, o más modestas como José Heras. También hay constancia de que su hermana Matilde, invirtió dinero recibido de las herencias. La guerra de Cuba duró hasta 1898, en que los Estados Unidos, fiel a su política internacional, entró al final de la contienda, cuando ya los rebeldes tenían prácticamente derrotadas a las tropas españolas. La excusa de los norteamericanos para declararnos la guerra, fue el hundimiento del acorazado “USS Maine” con parte de su tripulación, en la bocana del puerto de la Habana. Hubo un total de 274 muertos, entre los que contaban sólo “2” oficiales. Todos los demás estaban en tierra por orden de la superioridad. Acto de sabotaje, del que España se declaró inocente desde el principio (y lo ha hecho obstinadamente durante cien años) hasta que estudios recientes, y los últimos documentos desclasificados por el gobierno de los E.E.U.U. sobre la “Operación Mangosta”, avalan la hipótesis de que fueron ellos mismos los que cometieron el sabotaje, para tener el “casus belli” que necesitaban para declarar la guerra a España (18). Estos hechos, junto a la pérdida de las últimas provincias de Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam en las Marianas, a decir de algunos historiadores, fueron el principio de la cadena, que nos llevó junto al “Desastre de Annual” en el Rif, a la dictadura de Primo de Rivera, a la Segunda República y a la Guerra Civil Española de 1936. 
   Sabemos pues, que en el último cuarto del siglo XlX, José Heras Roldós tenía varios centenares de pisos alquilados. Sabemos que invertía en deuda pública de alta rentabilidad. Conocemos también que creó una empresa de obras públicas (19) de la que constaba como propietario, al menos hasta 1896 (20). Aunque él se autodenominó contratista de obras públicas, hasta 1913. Está claro que don José diversificaba. También invirtió en renta variable. En sus testamentos deja a sus herederos sus “acciones, derechos y créditos”. En la Burguesía Modernista Catalana de finales de siglo XlX, si no tenías acciones de alguna empresa del Bolsín Catalán, no tenías oportunidad de participar en las conversaciones de salón, de intelectuales y pudientes rentistas, todos ellos vestidos con levita negra, camisa de popelina almidonada de cuello alto, con las puntas de la pala vueltas, tipo Milton, pajarita o corbata lazo visto, chaleco, chistera, reloj de bolsillo con leontina de oro o plata y bastón con puño de marfil o repujado en plata; con su monóculo en el bolsillo superior para poder leer el liberal-conservador “Diario de Barcelona”, el católico-monárquico “La Convicción”, aunque con ciertas reservas por su inclinación carlista, o  echarle un vistazo a nuevos diarios como “La Vanguardia” o el nacionalista “La Renaixança”. Se reunían después de asistir a misa y comulgar, para tomar un café recién importado de Colombia, que para entonces estaba sustituyendo al chocolate caliente, y fumar un puro habano en “La Mallorquina” o en los salones del recientemente remodelado “Hotel Oriente”, pero nunca en los del “Café Pelayo”, que estaba lleno de agnósticos y anticlericales como Gaudí (21) a quien ahora, alguien pretende beatificar para la causa nacionalista. Esto nos hace pensar que José, podía vivir perfectamente de rentas. Sin embargo, no lo hizo así, ya que las solicitudes de obras privadas y concesiones públicas a su empresa de construcción, han dejado rastro en el Ayuntamiento de Barcelona y en prensa escrita. En 1873, junto a otras tres personas, solicitó permiso para cercar los terrenos de la derribada iglesia de Junqueras (21c). En 1876 presentó una instancia, junto a un tal Mateo Nuevo Fernández, para instalar dos edificios de ocio, llamados "Skating Ring" (pistas de patinaje) (22c). El día 15 de agosto de 1880 se inaugura el tranvía Barcelona-Ensanche-Gracia. Por esas fechas José estaba asociado con otro contratista, tres años mayor que él y conocido en los círculos mercantiles por su gran honradez:
   Buenaventura Juliá Fortuny (21b). La empresa se llamaba “Heras y Juliá” y fue la que construyó las vías, utilizando hierro de la fundición de Can Girona, propiedad de los hermanos Girona, que ya tenían muy amplia experiencia en construcción y explotación de empresas ferroviarias (22). Dos años antes, la empresa Heras y Juliá, junto a otro constructor llamado Ramón Miralles, le piden al Ayuntamiento de Barcelona que les paguen los intereses de la deuda que acreditan (22b). El día 6 de noviembre de ese año, el Ayuntamiento de Barcelona da permiso al contratista José Heras, para que haga una prueba de empedrar 150 metros del Carrer Ample, con una nueva piedra procedente del Vesubio (23). El sábado 18 de diciembre de 1880 fue adjudicada a favor de don José Heras, la construcción de la alcantarilla de la calle del Rosal. Este constructor había efectuado una rebaja de “nueve mil y pico pesetas”, en el tipo de 32.647 en que estaba calculado el presupuesto (24). El 1 de febrero de 1881, en el Ayuntamiento de Barcelona, se aprueba el dictamen referente a algunas cuentas pendientes de pago, al señor José Heras y a varios más, por diferentes trabajos efectuados en la ciudad y a cuenta del municipio. La cantidad ascendía a 27.134´87 pesetas (25). En 1882 se concede al contratista José Heras, la construcción de todos los pasos adoquinados del Ensanche Inferior a la calle Cortes y Hostafranchs por 201.800 pesetas (25b). En febrero de 1882, la empresa “Heras y Juliá” inauguró los trabajos de construcción del ferrocarril, de Manresa a Berga. Recordemos que este año fue cuando compró los terrenos, y empezó a construir sus tres bloques de la calle Riera Alta. Todo ese año, estuvo dedicado a la construcción de una parte del ferrocarril al Alto Llobregat y más concretamente, al tramo de Balsareny a Puig-reig. Esta vez su socio volvía a ser Buenaventura Juliá Fortuny; pero, por error, la empresa que aparece en prensa es “Heras y Fortuny”, aunque en la Memoria de la Junta General de Accionistas escriben correctamente su razón social “Heras y Juliá” (22b´ y 22b´´).
   E
n abril de ese año 1882, se aprueba en el Ayuntamiento de Barcelona, la minuta de escritura de la contrata de obras en la Riera d´en Malla, a favor de José Heras y de Font i Mariages, contratista de obras públicas también (quien se iba a convertir en su consuegro) (26) por “la importante cantidad de 11.007 pesetas” (27). En octubre de ese mismo año 1882, construye el adoquinado del Camino de Jesús, ya llamado Paseo de Gracia, para que puedan cogerse los coches de caballos en ambas direcciones, evitando a los peatones tener que cruzar la avenida. Los bordillos sobre los que rodaban los carruajes, también eran de piedra del Vesubio (28). A partir de este otoño, se percibe una parada temporal en las concesiones y en el trabajo de José. Muy probablemente se debió a que se fue a Francia con sus tres hijos y Francisca Farriols, su hija política. Estuvieron pasando una temporada en Prats de Mollo-La Preste. Una pequeña población de la región del Rosellón francés, a pie de los Pirineos y fronteriza al sur con la provincia de Gerona, donde había un balneario con unas fuentes termales medicinales, muy aconsejadas para las enfermedades reumáticas, urinarias y de pulmón. Allí estuvieron hospedados, en lo que hoy se llama “Le Gran Hotel Thermal”, establecimiento donde falleció su hijo mayor José, con treinta y tres años. Ya de regreso a Barcelona, y pasados siete meses de la defunción de su hijo, en diciembre de 1884 se le adjudica a José Heras, la construcción de veinticinco casillas de madera, con destino a fielatos de consumo, mediante la cantidad de ciento catorce pesetas cada una (29). En 1886 se le deniega la devolución de un depósito, constituido en representación de la empresa concesionaria de aguas subterráneas del rio Llobregat, por concedérsele a cambio, autorización para colocar una cañería en la carretera de Cornellá a Fogás (30). En 1891 pide permiso, junto al constructor Narciso Cortinas Batllori, para construir un almacén en la Avda. Mistral (30b). El día 12 de octubre de 1904, con ochenta años de edad, aparece como auxiliar de Urbanismo y Obras Públicas del Ayuntamiento de Barcelona, en un derribo de 47 casas en el Paralelo. Más que como auxiliar, debió de asistir como perito, ya que, en 1903, 1904 y 1905 todavía se publicita como concesionario de obras públicas (31) y en 1911, cuando contaba con 86 años, aparece como contratista y constructor en el “Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración” con oficinas en su casa de Puertaferrisa 11-1º-1ª (31b).
   Llegado este punto, he de reconocer que, con la mentalidad y experiencia ciudadana del actual siglo XXl, nada más averiguar que José Heras tuvo una empresa de construcción de obras públicas, automáticamente pensé en corrupción. Hoy día, los ciudadanos españoles de a pie, utilizamos los términos “Política”, “Construcción” y “Corrupción” como si fueran sinónimos. He dedicado muchas horas a rastrear las hemerotecas de los diarios y revistas de la época, en busca de alguna palabra o indicio, que llevara a sospechar trapicheo o corruptela encubierta. No he encontrado el más mínimo rastro. Más bien parece lo contrario, con la construcción de la alcantarilla de la calle del Rosal, donde a José Heras le adjudican la obra, por ofrecer una rebaja de un treinta por ciento en lo presupuestado por el Ayuntamiento. De quien sí he encontrado algunos artículos un tanto comprometedores, es de su consuegro, el también contratista de obras públicas Juan Font i Mariages (31c). Siempre he pensado que, en una sociedad con un estado de derecho, lo que hay que hacer contra un presunto corrupto o delincuente en general, es argumentar su culpabilidad y acusarle del delito. Después, que el inculpado demuestre su inocencia en los tribunales de Justicia. No se puede llevar a cabo este proceso al revés, como está ocurriendo en la actualidad, por intereses partidistas o mediáticos. El hecho de que yo no haya encontrado ningún vestigio, que haga sospechar corrupción, no lleva implícito que no haya existido. Simplemente significa lo que significa: que yo, no la he encontrado. 
  
   En 1890, al año siguiente de fallecer su hija Enriqueta, recae sobre Juan Font i Sangrá, de la Villa de Gracia (32) una sentencia en la que se le imponen cuatro años, nueve meses y un día de destierro, más multa de mil quinientas pesetas y las costas, en una “ruidosa causa” (sic) promovida por José Heras, por “injurias inferidas en cierto medio impreso” (sic). El señor Font había publicado unos versos libres en unos panfletos, que tituló “El Señor Suposición y Doña Porra”. Muy probablemente referidos a José y a su hija. En esos años el sueldo medio de un trabajador estaba entre 90 y 100 pesetas. El abogado de José sólo pedía quinientas pesetas de multa, pero el Juez la aumentó al triple. El hecho no tendría mayor importancia, de no ser que Juan Font i Sangrá era el viudo de Enriqueta. No confundir a los dos hermanos Juan Font i Sangrá. Uno era Juan, Ramón, Baudilio, nacido en noviembre de 1850. El otro, Juan, Federico, Víctor, nacido en diciembre de 1855. El uno era Juan Bautista, el otro era Juan Nepomuceno (33) (34) (35). Aunque a ninguno de los dos, les pusieran estos dos últimos nombres en su inscripción de nacimiento, pero sí en la de bautismo. Los dos eran coleccionistas de arte, como su padre Juan Font i Mariages, casado con Ignacia Sangrá (36). Los dos habitualmente firman sin su segundo nombre de pila, o sea: los dos firman como “Juan Font”, igual que su abuelo, igual que su padre e igual que su tío, que también se llamaba Juan Font i Mariages. Eso de poner el mismo nombre a dos hijos, fue algo bastante habitual en siglos pasados, por las ventajas que conllevaba. Tan es así, que hubo un momento, en que la Iglesia, cuando llevaban a un hijo para ser bautizado, obligaba a los padres a hacer un juramento, diciendo que no tenían ningún hijo viviente, con el mismo nombre. De ahí que el matrimonio Juan Font y Jacinta Mariages, tuviera dos hijos llamados Juan Font i Mariages, y uno de ellos, casado con Ignacia Sangrá, tuviera dos hijos llamados Juan Font i Sangrá. A la hora del bautizo, a uno le añadieron Bautista y al otro Nepomuceno. El marido de Enriqueta fue Juan Nepomuceno, nacido en 1855. Su hermano Juan Bautista había nacido cinco años antes y se hizo arquitecto. Los dos eran grandes colecciones de cuadros. Sobre todo, de los pintores catalanes Ramón Martí Alsina y Mariano Fortuny. En 1929, al morir en Cardedeu el marido de Enriqueta, dejó en testamento toda la colección a su hermano mayor, que era viudo de María Oliva Seguí, excluyendo de ese legado “El gran día de Gerona” que legó al Ayuntamiento de Barcelona. 
   Con la demanda presentada por José contra su yerno, se observa perfectamente, que José Heras no se dejaba amilanar, ni siquiera por su yerno, con quien las relaciones familiares, se rompieron totalmente, después de la muerte de Enriqueta en extrañas circunstancias. Aunque lo más probable, es que ya estuvieran rotas desde antes; precisamente por el motivo que ocasionó la muerte “accidental” de su hija a los cuatro años de casada. 
 

  De lo que no existe ninguna duda, es de la clase social y económica en la que se movía José Heras. El 19 de julio de 1893 apadrina la boda de Narciso Verdaguer i Callís, abogado y director del diario La Voz de Cataluña (37) con Francisca Bonnemaison Farriols, sobrina política de su hijo Federico Heras Sagristá. Conocida como  “Paquita Verdaguer”, fue una de las primeras luchadoras por los derechos de la mujer, reconocidas en la Historia de España (boda oficiada por Mossén Cinto Verdaguer, antes de enemistarse con su primo Narciso, y de ser suspendido “a divinis” por el obispo Morgades). Junto a José Heras Roldós, apadrina también la boda Eusebio Güell i Bacigalupi. I Conde de Güell, yerno del I Marqués de Comillas y padre de Juan Antonio Güell i López, que se convertiría en el III Marqués de Comillas. Eusebio Güell i Bacigalupi, indiano e hijo de indiano. Su padre y él amasaron una enorme fortuna en Cuba. Propietario del parque, palacio y bodegas que llevan su nombre y mecenas de Gaudí. Como padrino de boda también aparece Cayetano Fábregas i Rafart, político local y potentado industrial textil de artículos de seda (38). Por último, Joaquín Rivera Cuadrench, rico propietario y constructor del Ensanche, más tarde directivo del partido regionalista “Lliga de Cataluña” (38b) (38c) y concejal del Ayuntamiento de Barcelona (38d). A la pomposa boda acudió la flor y nata de la alta sociedad política, intelectual y económica de Barcelona, que se celebró en la iglesia de Nuestra Señora de la Merced, con gran fasto, suntuosidad y despliegue de medios informativos.
  El 7 de noviembre de ese año, estando recién casados, asistieron a la inauguración de la temporada del Gran Teatro del Liceo, para ver la representación de la ópera "Guillermo Tell" de Rossini. Después de terminar el primer acto, ella se sintió indispuesta y tuvieron que irse a casa. A la vuelta se encontraron con el resultado de uno de los mayores atentados terroristas sufridos en Barcelona. El anarquista Santiago Salvador, desde el gallinero, había lanzado dos bombas Orsini a la platea, de las que sólo explotó una, con el resultado de veinte muertos.
    Entre el círculo de amistades íntimas de José Heras, hay que resaltar tres personas: el mencionado Narciso Verdaguer i Callís, preceptor de los hijos de los III  Marqueses de Comillas; primo, como ya se ha dicho, de Mosén Jacinto Verdaguer i Santaló, probablemente el más grande poeta, que haya existido en la historia de las letras catalanas, pero que, a nivel personal y religioso, dejó muchas sombras, como fueron su fulminante expulsión de la casa de Claudio López Brú, II Marqués de Comillas, donde vivía a título de limosnero, su vinculación con la Sra. Deseada Martínez Guerrero, cuatro años menor que él, viuda de Manuel Durán Monselier, y con su hija Amparo con quienes vivía, o la ya mencionada suspensión “a divinis” (prohibición de celebrar la liturgia). Narciso Verdaguer i Callís, a quien el Ayuntamiento de Barcelona tiene dedicada una calle (39). Abogado y Diputado a Cortes Españolas en 1914 (40), quien, junto a Francesc Cambó (pasante del despacho de Narciso), Enric Prat de la Riba y Pere Rahola, consolidaron la “Lliga Regionalista”, como partido hegemónico catalán y catalanista, desde 1901, hasta el advenimiento de la Segunda República (41). A Narciso, su primo Jacinto le acusa públicamente, entre otras maldades, de haber confiscado los fondos recolectados en suscripción popular, para el mantenimiento del sacerdote, con el fin de asfixiarle económicamente (42). El testimonio de Narciso Verdaguer (43) fue decisivo para que condenaran a su enemigo político, Francisco Ferrer i Guardia, en el consejo de guerra que contra el profesor librepensador, creador de la enseñanza laica en Barcelona, republicano y anarquista, se celebró en la cárcel Modelo, acusado de ser el instigador de la “Semana Trágica” de Barcelona. El juicio estuvo plagado de irregularidades, vaguedades y medias verdades, como fueron la de cambiar la jurisdicción civil por la militar, la de desterrar de Cataluña a los testigos de la defensa (capitán de Ingenieros Francisco Galcerán) o las propias declaraciones de Narciso Verdaguer, que produjeron la indefensión de Ferrer i Guardia, quien tres años antes ya había sido encarcelado, por el atentado contra el rey Alfonso XIII, el día de su boda con Victoria Eugenia de Battenberg (aunque al año siguiente fuera puesto en libertad por presiones políticas y porque el autor material, Mateo Morral, ya había muerto en Torrejón de Ardoz de un extrañísimo suicidio, mientras era conducido al cuartelillo). En el juicio de Barcelona, todo el mundo, incluidos sus enemigos, como eran Narciso Verdaguer y el mismo Alfonso XIII, a quien la hija de Ferrer i Guardia pidió clemencia y el Borbón no se molestó en contestar, sabían que era inocente de los cargos de la acusación. Testigos presenciales cuentan que Francisco Ferrer i Guardia, de cara al pelotón y con los ojos vendados en contra de su voluntad, fue fusilado a las nueve de la mañana del 13 de octubre de 1909, en el foso de Santa Amalia del castillo de Montjuïc. Cuentan que cuando un jovencísimo teniente, jefe del pelotón, levantó el sable dando la orden de apuntar, Francisco gritó: “Viva la Escuela Moderna”, momento en que bajó el sable; y a la orden de: “fuego”, se oyó la estruendosa descarga de fusilería (44). Estos inaceptables hechos, provocaron una ola de multitudinarias manifestaciones en todo Europa, incluida España y, en consecuencia, la caída del gobierno conservador del presidente Antonio Maura. 
   Como íntimo amigo de José Heras, aparece también Agustín Farriols i Anglada, hermano de Francisca Farriols i Anglada, esposa de su hijo Federico.  Señora a la que José Heras incluye como legataria en su testamento, como se verá más adelante. Agustín Farriols i Anglada, marido de Dolores Centena Bonay e ilustre médico cirujano y tocólogo (45). Vocal de la Junta Provincial de Sanidad (46) y Presidente de la Academia del Cuerpo Médico Municipal de Barcelona (47). 
   Por último, entre sus más íntimos, consta Antonio Codorníu i Tarrés, vecino suyo del piso superior, en calle Puertaferrisa, abogado y Secretario del Juzgado del distrito de la Universidad (48) (48b), más tarde Juez. Amigos los tres, a quienes mencionaré más adelante para evidenciar su amistad y confianza.
    Con estos datos contrastados, podemos aseverar que José Heras Roldós llegó a pertenecer a la más alta sociedad burguesa catalana.
   Se casó a los 24 años el día 23 de diciembre de 1848, en la parroquia de San Agustín del barrio de El Raval, con Agustina Sagristá i Marquet, de su misma edad. Ella era natural de Barcelona, hija de Eulalia Marquet Nicolau, natural de Esparraguera y de José Sagristá Legón, de profesión herrero y natural de Barcelona. En algunos documentos aparece como nacido en Tarragona, aunque sus cuatro abuelos, tanto los paternos, Ramón Sagristá y Magdalena Legón, como los maternos Ramón Marquet y Margarita Nicolau, procedían de Esparraguera, a 30 Km. de Barcelona. Agustina era la segunda de siete hermanos y la única hembra: Ramón, Agustina, Manuel, Félix, Fernando, Ignacio y José.
   José Heras Roldós y Agustina Sagristá Marquet, tuvieron seis hijos: el mayor José (aunque le inscribieron como Antonio José Mariano) nació a los seis meses de casarse, en junio de 1849. Falleció en diciembre del mismo año con cinco meses, fue enterrado en el Cementerio General, también conocido como de Poblenou. Con el segundo, nacido el día 24 de diciembre de 1850, repitieron el nombre de José (le inscribieron como José Francisco de Paula Tomás). Empezó la carrera de ingeniería industrial, pero no la acabó (51). Murió en Francia el primero de mayo 1884 a las dos de la madrugada, en el Departamento de los Pirineos Orientales, como ya se ha dicho, sin que en su acta de defunción, firmada por el funcionario, por su hermano Federico y por el doctor Berny Francois, conste el motivo del fallecimiento (52). Allí fue inhumado hasta que siete años más tarde, en agosto de 1891, su padre repatrió los restos para que descansaran en el panteón familiar de Motjuïc (53). El tercero, ya mencionado, Federico nació a las siete de la mañana del 19 de septiembre de 1853, fue bautizado el día veintiuno de septiembre, en la parroquia del Carmen, con los nombres Federico Arturo Ramón. Casado y fallecido el 11 de diciembre de 1916, a los 63 años, sin descendencia legítima, pero con, al menos, cuatro hijos ilegítimos habidos fuera de su matrimonio, dos de los cuales le sobrevivieron (49) (50) (51). La cuarta, Eulalia, nacida el día 2 de diciembre de 1858 y bautizada en la parroquia de Belén, el día 6 del mismo mes. Murió de sarampión el día 21 de enero de 1861, cuando contaba con dos años de edad. Fue enterrada en el Cementerio General. La quinta, mencionada también, Enriqueta Margarita Ramona Heras i Sagristá, nacida el 29 de octubre de 1860, a las diez de la mañana. Bautizada en la parroquia de Belén el día 2 de noviembre de ese mismo año. Fallecida el 2 de marzo de 1889 en la Villa de Gracia con 28 años. Casada, como ya se ha dicho, con Juan Font Sangrá y sin descendencia (C.D. E.H.S.). El sexto fue Enrique Antonio Ramón Heras Sagristá, nacido el 19 de julio de 1863. Fue bautizado en la Catedral, el día 24 del mismo mes. Falleció el día 27 de junio de 1865 a las once de la noche, cuando estaba a punto de cumplir dos años, sin que consten las causas de la muerte. Fue enterrado en el Cementerio General al día siguiente.
   Agustina Sagristá Marquet murió de neumonía en la calle Puertaferrisa 11-2º, la tarde del día 31 de mayo de 1879. Fue enterrada inicialmente en el cementerio de Poblenou. José Heras quedó viudo con 55 años, cuando su hijo mayor José permanecía soltero con 28 años, su hijo Federico tenía 26 años, ya casado, y su hija Enriqueta, todavía era soltera con 19 años. 
   Hasta aquí los datos familiares del matrimonio Heras-Sagristá y de sus seis hijos. José Heras Roldós terminaría el siglo XIX viudo, con un sólo hijo vivo que no tenía descendencia “legítima”. Sus otros cinco hijos habían muerto sin poder darle nietos. Y de los cuatro ilegítimos que tuvo Federico, sólo dos quedaban vivos: Filomena y Evaristo Bofill Bonay.
   Buscando entre los antepasados y los descendientes, hasta la tercera generación, de los hermanos de José Heras y de su esposa Agustina, no he encontrado ninguno digno de mención por sus cualidades culturales, intelectuales, artísticas o económicas. Sí en las políticas:
   Fermín Sagristá Salomó, sobrino de Agustina por parte de su hermano Fernando, fue un destacado dibujante anarquista, condenado y encarcelado por publicar dibujos satíricos del Ejército, referidos al fusilamiento del anarquista Ferrer i Guardia. Al poco tiempo fue indultado por presiones extranjeras (53 c). Después marchó a Rusia y estuvo colaborando con los revolucionarios soviéticos, para derrocar al Zar Nicolás II. Por eso, le condenaron a veinte años de deportación en Siberia. Cuando los bolcheviques hubieron asesinado a toda la familia Romanov en Ekaterimburgo, y triunfado la Revolución, le liberaron y regresó a Barcelona. En el año 1937, en plena guerra Civil Española, cuando Fermín contaba ya 70 años, en La Vanguardia aparece un artículo pidiendo limosnas, para satisfacer las necesidades básicas de Fermín Sagristá y de su segunda esposa María Magarola (53 b). 
   El que también aparece en varios artículos de prensa, es el propio hijo de José, Federico Heras Sagristá, quien, en marzo de 1898, el juzgado de primera instancia del distrito de Atarazanas, le cita para que reconozca la legitimidad de su firma en un pagaré, que presenta el cambista D. Francisco Quer (el nombre de este cambista, aparecerá en el testamento de José Heras) por la cantidad de 865,5 pesetas. La cédula de citación se hace en prensa, por desconocer el juzgado el domicilio de Federico. Al no darse por enterado de la citación y no presentarse, el 22 de abril le embargan preventivamente. Para entonces, estaba totalmente arruinado y al ser financieramente insolvente, tiene que presentarse en el juzgado, con propiedades por valor de lo ejecutado en el embargo. Lo hace entregando ropa vieja, muebles y trastos. El día 5 de julio de ese año, se subastan sus enseres al mejor postor (54). 
   También hay que mencionar a una sobrina de José, Carmen Urell Heras, una de las dos hijas de su hermana Matilde que, en 1880, con diecisiete años, casó con Napoleón Fdo. Fernández Tiffon, hijo de Antonio y Anaïs. Ellos fueron los que montaron el famoso estudio fotográfico “Napoleon” en la Rambla de Santa Mónica de Barcelona. Después su hijo Napoleón Fco. montó uno en Madrid y el marido de Carmen, Napoleón Fdo., montó otro en la Plaza del Ángel de Barcelona, tras fracasar su negocio de lencería de la calle del Pino. Ganaron muchísimos galardones internacionales. Antonio Fernández, a quien su esposa Anaïs llamaba Fernando por no gustarle el apellido Fernández, fue nombrado Comendador de la Orden de Carlos lll, caballero de la Orden de Isabel la Católica, de la Legión de Honor francesa y la Orden de Cristo en Portugal. Fue nombrado fotógrafo de cámara del rey Alfonso Xlll. Y desde este, pasando por el general Martínez Campos, la reina Isabel ll, el papa León Xlll o las mismas familias Heras y Bonay, fotografiaron a toda la alta sociedad barcelonesa. La saga “dits Napoleon”, duró tres generaciones, hasta 1968; pero entre los que siguieron la profesión, no se encuentran los descendientes de Carmen Urell Heras con Napoleón Fdo. (54 b). 
   Para seguir con la biografía de José Heras Roldós, hay que continuar presentando personajes, que tuvieron que ver muy directamente con él, o con su hijo Federico, el único que transmitió su línea de sangre, aunque no su apellido:
   Evaristo Bofill i Pichot. Nacido a las ocho de la tarde del 26 de octubre de 1854, en la calle Bufanalla nº 2 de Barcelona, y bautizado en la Catedral tres días más tarde, con los nombres de Evaristo Antonio Luciano. Hijo de Jacinto Bofill i Bassas, fabricante primero, comerciante después, nacido en Barcelona en 1823 y de Ángela Pitchot i Selva, nacida en Barcelona en 1834; casados en Barcelona en diciembre de 1853. Evaristo era el mayor de seis hermanos: Evaristo, Jacinto, Matilde, José María, Elisa y Asunción. Pertenecía a una familia burguesa de rancio abolengo. Veraneaban en San Julián de Vilatorta, a dos kilómetros de Folgarolas, en la comarca de Osona (Barcelona). Su estirpe se prolonga en el tiempo. El abuelo de Jacinto, Jaume Bofill y Salarich, monárquico absolutista, fue farmacéutico de cámara del rey Fernando VII. Botánico de renombre en toda la zona del Montseny. Tuvo una herboristería en Viladrau (en la comarca de Osona, a 18 kilómetros de Folgarolas, pero ya en la provincia de Gerona) donde se estableció. “Ca l´Herborari” fue centro de reunión de intelectuales y artistas, a mediados del siglo XX. Bofill i Salarich se casó tres veces y tuvo una gran descendencia. Parte de ella permanece todavía en Viladrau, en la zona del Montseny y en La Plana de Vic. Entre sus descendientes podemos contar con Jaume Bofill i Mates, escritor, poeta y político catalanista; con su hijo Jaume Bofill i Bofill, filósofo y catedrático, en cuyo recuerdo se creó una Fundación que lleva su nombre; o con Jaume Bofill i Ferro, poeta, crítico literario, doctorado en farmacia y licenciado en filosofía. El mismo Jacinto Bofill i Bassas, padre de Evaristo, además de comerciante, fue elegido dos veces concejal por el Partido Liberal del Ayuntamiento de Barcelona.
   El cuarto hermano de Evaristo, José María Bofill Pichot, fue médico, entomólogo y naturalista. Toda una eminencia en el campo de la investigación bacteriológica. De tanto estudiar el bacilo de Koch en los esputos, adquirió una tuberculosis, que a punto estuvo de llevarle a la tumba. No sólo colaboró con D. Santiago Ramón y Cajal durante tres años, sino que se cuentan por decenas, sus libros y tratados sobre la flora y fauna insectívora catalana. Este era José María, padre, abuelo y bisabuelo de reputados arquitectos (uno de ellos fallecido recientemente en enero de 2022, a consecuencia de las secuelas del COVID). Todos ellos, familiares cercanos o lejanos muy meritorios, pero el único mérito personal de Evaristo Bofill i Pichot, era el de ser el hijo mayor de Jacinto Bofill y de Ángela Pitchot i Selva (55). Evaristo se dedicó al comercio ayudado por su padre. En 1884 fundó, junto a sus socios Bernardo Bruunschweiler y Juan Smid Vitterlí, la Compañía mercantil “Bruunschweiler y Bofill” que procedía de “Smid Bruunschweiler y Compañía” dedicadas ambas a la venta al por mayor y menor de bordados. Su duración inicial debía ser de tres años. Entre sus dos socios aportaron 20.300 pesetas. Evaristo aportó 50.000 pesetas. Al año siguiente, en 1885, se fue a la quiebra (56 y 56b). En la disolución ante notario, Evaristo fue nombrado liquidador total, pero su socio Bruunschweiler, se dedicó a hacer operaciones y recogida de capitales, aún después de disuelta la empresa.
   Evaristo se vio obligado en 1892 a vender su patrimonio personal (colección de armas de Sudán) para subsistir (57). No parecía pues, funcionarle muy bien los negocios, ni estar a la altura de las expectativas de sus padres, como hijo mayor que era. Pero sí nos ha llegado el muy dudoso relato de que tenía un vicio: el juego.
   Adela Bonay Carbó. Nacida el día 15 de julio de 1857 a las dos de la mañana, en la calle de La Paja nº 15-1º-2ª y bautizada en la parroquia del Pino el día 20 del mismo mes, con los nombres de Adela Enrica y Carmen. Pertenecía también a una familia burguesa, muy numerosa y acomodada, de amplia trayectoria política. Era el octavo de nueve descendientes (última hembra) de Antonia Carbó i Fontdecaba y de Antonio Bonay i Torner. Por orden de nacimiento, los Bonay fueron: Federico Antonio, nacido en 1839, José Antonio en 1841, Filomena en 1843, Javiera en 1845, Joaquín en 1847, Antonio Francisco en 1850 y fallecido con dos años, Asunción nacida en 1854 y también fallecida de niña, la propia Adela y Alfonso, nacido el primero de enero de 1859. Antonia Carbó i Fontdecaba era natural de Barcelona, pertenecía a una acaudalada familia, propietaria de industrias textiles; hija a su vez de Antonio Carbó y de Rosa Fontdecaba. El padre de Adela, Antonio Bonay Torner, era natural de Folgarolas. Pudiente industrial importador y almacenista de madera. Hijo a su vez de José Bonay, de San Julián de Vilatorta, y de María Torner, de Folgarolas.
   Antonio Bonay i Torner fue elegido concejal del Ayuntamiento de Barcelona tres veces, en 1871 en 1877 y en 1881. Todas por el Partido Liberal (57b). La última junto a Jacinto Bofill. Federico Bonay, hermano mayor de Adela, también fue concejal del Ayuntamiento de Barcelona dos veces, solapando su gobierno con el de su padre y el de Bofill. Federico Bonay fue vicecónsul de Brasil desde 1875 y nombrado en 1892 Comendador de la Real Orden de Carlos III (58). Era propietario de una importante empresa de géneros de punto, con la que ganó un premio en la Exposición Universal de París de 1900. El segundo hermano de Adela, José Antonio (aunque siempre firma como José y todos le llaman José) fue un rico industrial maderero del Ensanche, que heredó el negocio de su padre, quedándose también a vivir en su casa de la calle Cortes 372-1º (59) (en 1896, en ese bloque de casas, aparece como responsable del alquiler de una de ellas, Agustín Farriols Anglada, el íntimo amigo de José Heras. El piso lo había heredado su esposa Dolores Centena Bonay de su abuela Antonia Carbó. Su hermana Josefa Centena y el tío Alfonso Bonay, heredaron otro piso cada uno) (60) (60b).
   En la renumeración de calles que hubo en el año 1900, el número 372 de la calle Cortes pasó a ser el número 700, donde hoy día se encuentra el hotel “Casa Bonay” de cuatro estrellas, que debe su nombre a Antonio Bonay i Torner, quién mandó construir el edificio. La tercera hermana, Filomena, se casó cuando tenía diecisiete años con el Dr. Mariano Centena i Valls, un reputadísimo cirujano barcelonés que tenía treinta y un años (61). La cuarta, Javiera, casó también con dieciséis años, con Ramón Brú i Lassús, nacido en Santiago de Cuba; francmasón representante de los Grandes Orientes de América, que tenía once años más que ella (62). Muy activo en las logias cubanas y mejicanas en la década de 1870, hasta que hubo sospechas de intereses políticos y de lucro personal y fue destituido en 1875. Cuñado de Antonio López i López, I Marqués de Comillas con Grandeza de España. Por lo que manifiesta en su testamento Antonio Bonay en 1881, Ramón Brú abandonó a su mujer “de forma incalificable” y se volvió a Cuba, donde consiguió un empleo en las oficinas de Hacienda, muriendo en la Habana en mayo de 1888, cuatro años antes que su mujer. Antonio Bonay explica que su hija Javiera se encontraba en un “triste estado”, por lo que la deja una pensión de cinco pesetas diarias, prohibiéndola terminantemente que disponga de sus bienes en favor de su marido Ramón Brú, y obliga a su esposa, Antonia Carbó, a mantenerla en casa.
   El quinto hermano, Joaquín Bonay Carbó, marchó siendo joven a Argentina. En septiembre de 1869, cuando tenía sólo 23 años, ya aparece como comerciante en un censo del distrito federal de Buenos Aires. Se estableció en el Partido de Magdalena. Ciudad a 100 kilómetros al S.E. de Buenos Aires. Allí se casó en mayo de 1872, con María Estefanía Ordoizgoiti, cinco años menor que él, natural de Vera de Bidasoa en Navarra (sin segundo apellido por ser hija natural, de padre desconocido). Tuvieron ocho hijos en total. En marzo del año 1873 tuvo una hija llamada Antonia, y en agosto del año 1874 tuvieron un hijo llamado Francisco. Tres años más tarde, en octubre de 1877, Francisco murió. En su partida de defunción consta que se trataba de una niña. Está claro que uno de los dos curas, no se enteraba de lo que tenía entre manos, aun cobrando 50 pesos por entierro o por bautizo. En mayo de 1876, tuvieron un hijo llamado Pedro. En octubre de 1878, se habían trasladado a Cañuelas, ciudad al sur del Gran Buenos Aires, ya casi absorbida por la capital. Ese año tuvieron un hijo llamado Juan Antonio, y en noviembre de 1881 una hija que se llamó Antonina Adela Elena. En 1885 les nació Evaristo. Al año siguiente, viviendo ya en el Gran Buenos Aires, en el partido de San José de Flores, les nació María Antonia Matilde y en 1890, tuvieron al último: a éste le pusieron los nombres Federico Ramón Javier. Los padrinos por poderes, fueron el compañero sentimental de su hermana Adela: Federico Heras Sagristá y Javiera Bonay, la hermana del padre. En su lugar firmaron su yerno Luis de Vely Castell y Antonia la hija mayor del Bonay. Ninguno de sus hijos tuvo de padrino a Evaristo Bofill i Pichot. Ni siquiera al que pusieron por nombre Evaristo, cuya madrina fue Adela Bonay, pero de padrino eligieron a un amigo español. Para más redundancia, el matrimonio Luis de Vely y Antonia Bonay, le dieron un nieto a Joaquín Bonay, el hermano de Adela. Nació en 1893 en Paso Molino, un barrio de Montevideo, le pusieron por nombre Luis Segundo Federico y el padrino fue también Federico Heras. Joaquín Bonay venía a Barcelona de cuando en cuando, para solucionar asuntos familiares. En 1887 estuvo en Barcelona, y aprovechó para otorgar testamento ante el notario Gomis Miret, ese año sus hijos Pedro y Antonina ya habían fallecido, y a primeros de 1893, también vino para arreglar los temas hereditarios por la muerte de su madre la Nochebuena anterior, y para solicitar una indemnización al Ayuntamiento por un trozo de terreno de la calle Bailén. Regresó en marzo, apareciendo como pasajero del buque “Vittoria”, que llegó al puerto de Buenos Aires el día 2 de abril (63). El Vittoria era un barco transatlántico, que fue botado y bautizado en 1883 por la “Compañía Transatlántica Mexicana”, con el nombre de “Tamaulipas”. En 1887 fue rebautizado con su nombre definitivo por “La Veloce Navigacione Italiana a Vapore”. De bandera italiana, hacía la ruta Génova-Barcelona-Las Palmas-Montevideo-La Plata-Buenos Aires. El hermano más pequeño de Adela, Alfonso Bonay Carbó, nació en Barcelona el primero de enero de 1859 y bautizado en la parroquia del Pino, con los nombres de Alfonso Ramón Manuel, hizo la carrera de medicina y ejerció de bibliófilo, arqueólogo y comerciante de antigüedades (64). El Instituto de Estudios Catalanes, creó un premio científico con su nombre, que se estuvo otorgando hasta el año 1982. Por lo que se ve, don Antonio Bonay y doña Antonia Carbó, colocaron muy bien a sus hijos varones, dándoles formación o carrera y a las hijas las casaron con señores de apellido social, intelectual o políticamente notorio... excepto a Adela.


             FIN DE LA PRIMERA PARTE. CONTINÚA EN LA  👉 
2ª PARTE
                                              

ENSAYO BIOGRÁFICO DE JOSÉ HERAS ROLDÓS 1ª PARTE

                                                                         PRÓLOGO    Tengo que empezar este borrador biográfico de José...