PRÓLOGO
Tengo que empezar este borrador biográfico
de José Heras Roldós, reconociendo que es muy difícil conseguir documentos
fidedignos sobre él, aunque poco a poco vayan emergiendo cada vez más.
Prácticamente la totalidad de datos aquí presentados, están perfectamente documentados
y contrastados; pero hay unos pocos sin verificar y otros dudosos. Por lo
tanto, todo este ensayo está sujeto a correcciones, ampliaciones o anulaciones
de unas pocas partes (escasas), no totalmente confirmadas, por falta de autenticidad en
las referencias que las avalan. A medida que vayan apareciendo nuevas
informaciones que así lo aconsejen, se corregirán. De hecho, el principio de esta
experiencia cabía en un folio, basado únicamente en el relato llegado a mis oídos,
en el que yo sólo sabía el apellido de su hijo, que era “un tal Heras, amigo de
la familia”. No sabía si era con hache o sin ella. No sabía si era con el
artículo “Las” o sin él. No sabía si llevaba la preposición y artículo “De Las”
o no llevaba nada. Al ir apareciendo documentos, el borrador se ha ido
ampliando y engrosando. Otrosí digo, y es que si algún lector, dispone de
información o documentación que yo desconozca, agradeceré me la transmita. Este
borrador consta de 73 folios y la última corrección introducida en él, es del 2 de febrero de 2026.
Este estudio está basado en informaciones publicadas
en las hemerotecas del diario La Vanguardia de Barcelona, de la Biblioteca de
Prensa Histórica del Ministerio de Educación y Cultura y de la Biblioteca
Nacional de España, en su Hemeroteca Digital; en el Archivo Municipal de
Barcelona; en los almanaques del Diario de Barcelona de diversos años; en el
semanario “El Veraz” de San Juan de Puerto Rico; en la tesis doctoral de Dña. M.ª
Concepción Chillón Domínguez, sobre el pintor Ramón Martí Alsina; en el estudio
de Dña. María de los Santos García Felguera, de la Universidad Complutense de
Madrid, sobre la compañía fotográfica “Napoleón”; en datos de la Historia y
Arqueología Marítima de la Fundación Histarmar; en datos obtenidos en el Museo
del Archivo Diocesano de la Basílica de Santa María de Mataró; en documentos
recogidos en la Universidad de Barcelona; en los Registros Civiles y de la Propiedad
de Barcelona y de Ibiza, y en el Registro Civil de Coín (Málaga); en el Registro
de “Cementiris de Barcelona”; en el Archivo Histórico de la ciudad de Barcelona (AHCB);
en el Ayuntamiento de Barcelona; en el Archivo Histórico de Protocolos de
Barcelona, del Colegio de Notarios de Cataluña (AHPB); en el Colegio de
Arquitectos de Cataluña; en el Registro General de Ultima Voluntad del
Ministerio de Justicia de Madrid; en la Dirección General del Catastro del
Ministerio de Hacienda; en el Departamento de Inmigración de los E.E.U.U. de América;
en el “Portail National des Archives” del Ministerio de Cultura de la República
Francesa; en las páginas de genealogía francesa “Geneanet” y “Filae.com”; en la
“Association Catalane de Généalogie” de Perpiñán; en el libro “Els Bofill de
Viladrau” de la editorial “El Ciervo 96” y otros. Mención especial merece la
“Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días” (mormones) en la que
he obtenido numerosos y valiosísimos documentos, que me han ayudado a
estructurar cronológicamente este ensayo.
El
origen procede de relatos transmitidos de padres a hijos, concretamente de
Adela Bonay Carbó y Federico Heras Sagristá, a los hijos de ambos, Evaristo y
Filomena Bofill Bonay, que vivieron y formaron parte de esta historia. De estos,
a la segunda esposa de Evaristo, Teresa Mercadé Turdiu y de estos tres, a los
hijos de Evaristo Bofill Bonay. La hija mayor de Evaristo, Adela Bofill Usac, contó
esta historia familiar de forma pormenorizada a su hijo Alejandro, autor de
este trabajo.
Con toda la información fiable, contrastada y
documentada, en algunos casos, cabe hacer conjeturas lógicas, a modo de silogismos
o proyecciones, ya que de otra forma, sería imposible conocer la trayectoria de
D. José Heras Roldós y de las circunstancias que le rodearon; porque con la Ley
de Protección de Datos Personales de 1999, es muy difícil (cuando no imposible)
a cualquier ciudadano, buscar documentos de sus antepasados y, como digo, no existen
muchos escritos públicos sobre este señor, que permitan trazar una biografía perfectamente
fiel, amplia y completa de su persona. No está pues, este estudio, absolutamente
ajustado a su historia, aunque su intención sea la de ser lo más acertado, documentado
y riguroso, con el solo interés de reivindicar su buen nombre, su hidalguía y
su generosidad; desmontando así, una larga e interesada ucronía familiar y reubicándole en su merecido puesto, dentro del ámbito
y del árbol genealógico de la familia. Aunque sus descendientes no lleven su
apellido por circunstancias ajenas a él. A falta de que alguien encargue a
investigadores o historiadores profesionales, que hagan una biografía oficial
del personaje (algo difícil de imaginar, ya que, una vez consumida toda su
herencia tangible, existe un interés de la práctica totalidad de sus
descendientes biológicos, en olvidar todo lo que tenga que ver con él y con su
hijo Federico Heras) este ensayo contiene lo que yo he encontrado y he podido
entretejer hasta ahora.
Para comprender un poco al
personaje y sus hechos, continuamente tenemos que hacer el esfuerzo de intentar
retrotraernos a los momentos históricos, políticos, culturales y sociales en que
transcurrió su vida. Si no lo hacemos así, y le miramos como una foto fija a todo
color, hecha en el actual siglo XXI, no comprenderemos nada de él, de sus
actos, ni de las personas que le rodearon. Asimismo, este estudio está plagado
de fechas y datos que, para seguir una lectura cómoda, hay que obviar o pasar
por alto; pero dentro de los cientos que he podido conseguir, los que aquí
aparecen, es porque he creído conveniente no omitir, por si en algún momento
han de servir de apoyo o referencia para posterior búsqueda, y las entradas que aparecen en el blog (65) son una mínima parte de toda esa documentación, que la inserto como muestra escalonada en el tiempo, de la estructura documental en la que está basado este ensayo.
Los números entre paréntesis corresponden a
datos y documentos en mi poder. (R.F.) entre paréntesis corresponde a relatos
familiares. (C.N.) Certificados de nacimiento. (C.D.) Certificados de
defunción. (T.) Testamentos.
ENSAYO
No se sabe muy bien en qué momento, ni
dónde aparece el apellido Heras en España, como ocurre con muchos de los
apellidos topónimos antiguos. Hay quien opina que procede de Las Hurdes en Extremadura,
o de Guadalajara. Los más, creen que nació en Cantabria, en la Alta Edad Media.
Como sea, lo que sí está comprobado, es que hay constancia de que personas con
este apellido, habían demostrado su nobleza e hidalguía, en la Real
Chancillería de Valladolid, órgano judicial establecido por Enrique II de
Castilla en 1371. Aparece este apellido en el libro del “Nobiliario Español”,
con esas mismas pruebas de hidalguía. También aparecen ramas de este apellido,
ya en la Baja Edad Media, en Galicia, Canarias, Navarra y Aragón. Esta última
es, al parecer, la que a nosotros nos interesa. En las tres provincias aragonesas,
se pueden encontrar casonas que conservan en sus fachadas, los blasones de los
linajes de los Heras y que, aún hoy, están habitadas por sus descendientes.
Aquellos eran los Infanzones de Aragón, más tarde llamados Hijosdalgo o
Notorios de Sangre. Título nobiliario de rango medio que se heredaba de sus
antepasados los Hidalgos, y que difería del de Caballeros Pardos (de inferior
categoría) en que este último lo concedía el Rey por privilegio, cuando el
anterior se conseguía por antigüedad de linaje y herencia de sus antepasados,
en reconocimiento a su valor.
Con toda seguridad, algunos de los Heras se
mudaron del Reino de Aragón al Condado de Gerona. Condado primero, Veguería
después, que llegó a acuñar moneda propia, pero que desde que Luis II de
Francia “el Tartamudo”, se lo concedió a Wifredo el Velloso en el año 878,
estuvo siempre unido al de Barcelona. Hasta que Ramón Berenguer IV, conde de
Barcelona, y Petronila de Aragón, heredera al trono aragonés, contrajeron
matrimonio a mitad del siglo XII, en 1150 concretamente (boda que se concertó,
cuando ella contaba sólo un año de edad) donde se demuestra ya, la
supremacía económica, social y militar del Condado de Barcelona sobre el Reino
de Aragón. De esta forma se fundó, lo que vino a llamarse “La Corona de Aragón”.
En este siglo XII de gran crecimiento económico en la zona oriental de La Corona,
fue cuando se produjo una intensa migración de aragoneses a Cataluña. Como
colonos unos, como soldados de fortuna otros, como Caballeros Hidalgos los
menos. Habida cuenta que los grandes nobles tenían potestad absoluta en las
ciudades, amuralladas en su mayoría, pero no en el resto del territorio, este
estaba en poder de los señores feudales, que necesitaban de la contratación de Caballeros
e Hidalgos, hombres de armas en su mayoría, para mantener sometido al
campesinado (cada vez más indignado por la falta de tierras de labranza) y al
resto de vasallos, para que pagaran los tributos. Este es el momento, en que creo
que varios de los Heras se mudaron a los Condados de Gerona, Osona y Belasú, como
parece desprenderse del estudio de una de las ramas; concretamente de la
familia Heras del Puig que nos remonta a 1274 en la construcción de la casa
Heras d´Adri (1).

Y de esas Veguerías fueron migrando al resto de Cataluña,
donde el apellido Heras es bastante común, ya que, además de estos Heras con
más de ocho siglos de antigüedad en Cataluña, durante los siglos XIX y XX, en
estas provincias catalanas se han instalado muchas familias Heras, procedentes de otras
partes del territorio nacional.
Los
Heras, al igual que los nobles de superior rango, disponían de escudo de armas
o blasón. Entre ellos, hay uno con dos leones de sable, puestos en palo sobre campo
de oro y bordura de gules. Otro que consta de un muro de plata con una estrella
de ocho puntas en la parte superior y en campo de sinople. Otro con dos águilas
de oro, puestas en palo, sobre campo de sinople también.
El de los Heras de Zaragoza tenía dos lobos de azur, puestos en palo, sobre campo de oro y bordura de gules. La mayoría de estos
títulos nobiliarios, se fueron perdiendo en el siglo XVIII con la Ilustración y
la llegada de los Borbones, al tener que pagar a la Hacienda Pública por
trasmitirlos a los descendientes.
Una vez ubicados, para ver con perspectiva
de pasado al personaje, podemos dedicarnos a su persona, sobre la que repito,
se dispone de poca documentación, entre otras cosas, porque si de algo se puede
estar seguro, es de su discreción, su señorío y buenas maneras. Además, los
pocos documentos existentes, tuvieron que sobrevivir a una quema de conventos
en 1835 y a una guerra civil, un siglo más tarde, con quema de iglesias y bombardeo
de instituciones, que dejaron al país sin la mitad de documentos históricos que,
en mi caso, me ha imposibilitado conseguir alguno de ellos, por haberse
destruido.
Nacido José Heras i Roldós en la ciudad de
Barcelona, en el seno de una familia católica. Hijo de Antonio Heras. Cerrajero
barcelonés que nació a finales del siglo XVIII, probablemente al empezar la
década de 1790. Antonio estaba casado con la señora Gracia Roldós, de la
familia Roldós, de Vilassar de Mar, en la costa cerca de Barcelona a unos 7 Km.
al sur de Mataró. Antonio Heras tenía una hermana mayor: Josefa. Nació
alrededor de 1775, y casó con Francisco Mitjavila Basté en enero 1797. La
familia Heras, estaba emparentada también con las familias Vila, Badía y Abellá.
Todas estas familias, poseían terrenos de labranza en las afueras de Barcelona,
camino de la cercana población de Vila de Gràcia, heredados de generaciones
anteriores y arrendados a aparceros, o trabajados por ellos mismos, como en el
caso de algún Mitjavila. Para hacernos una idea del momento histórico en que
nació Antonio Heras, basta recordar que, en esa década, Luis XVI, rey de
Francia y de Navarra y su esposa María Antonieta de Austria, fueron
guillotinados después del asalto a las Tullerías, proclamándose la Primera República
Francesa. O un poco más cerca, aquí en España, D. Manuel Godoy, personaje
turbio y conspirador donde los haya (apodado irónicamente "Manolo Primero" por su relación con la reina) de origen hidalgo también, como Primer Ministro
y Secretario de Estado de Carlos IV (el rey cornudo) iba preparando el terreno, para que
Napoleón Bonaparte nos invadiera en 1808 y obligara a Carlos IV, junto a su
hijo Fernando VII "El Felón", a abdicar en favor de su hermano José I Bonaparte, más
conocido como “Pepe Botella”. Todo lo cual condujo al debilitamiento en
nuestros virreinatos y provincias de ultramar, por incapacidad y vacío de poder en la Metrópoli.
Según consta en su certificado de defunción, José Heras
Roldós nació en Mataró en el segundo semestre de 1824, o primero de 1825.
Efectuada una rigurosa búsqueda en los Libros Sacramentales de la Basílica de
Santa María, única iglesia existente esos años en Mataró, entre los años 1810 y
1850, los resultados han sido negativos. Comprobando así mismo, que no faltan
inscripciones de ninguno de los años rastreados. En sus testamentos y en el
resto de documentos a él referidos dicen, sin embargo, que era natural y vecino
de la ciudad Barcelona. Por lo tanto, podemos concluir que la naturaleza
inscrita en su certificado de defunción es errónea. Quien compareció en el
Juzgado para informar de la defunción y dar los datos del difunto, no fue un
familiar ni un amigo; fue D. Manuel Lucas empleado de la Funeraria Ferrán de la calle de La Paja 8,
donde se compró su ataúd y se encargaron de todos los actos y trámites para el
sepelio, por lo que es muy posible el error. En la inscripción de su boda,
realizada el día 23 de diciembre de 1848, además de insistir en que es natural
de Barcelona, dice que tiene 24 años, por lo que, con toda seguridad, podemos
aseverar que nació en la ciudad de Barcelona la segunda mitad del año 1824.
Era el cuarto de
cinco hermanos: Francesc d´Assís, Esteva, Matilde, Josep y María del Carme (2).
El mayor, Francisco de Asís Heras Roldós, nació
en Barcelona en 1813. Se hizo cerrajero, como su padre. Falleció con 58 años de
parálisis general (sífilis) en noviembre de 1871, siendo soltero.
Su
segundo hermano, Esteban Heras Roldós, nacido en 1820. De profesión carpintero,
casó con la señora Ana Vallcorba Rogés en 1845. Con ella tuvo, al menos, seis hijos:
Rosa, nacida en 1845 y fallecida en 1907, soltera. Francisco, nacido en abril
de 1847, casado con María Mérida (natural de Granada) y fallecido en febrero de
1891 de parálisis general. Enrique Ramón Joaquín, nacido en Barcelona en octubre
de 1848 y fallecido de niño. Joaquina, nacida en 1852 y fallecida en 1856 con
tres años y medio. El segundo Enrique, nacido en 1854 en San Gervasio de
Cassolas, agente teatral primero, comerciante después. Casado con Antonia
Domenech Puig. Falleció en Barcelona de fiebres tifoideas con 38 años, dos días
antes que su padre Esteban y en el mismo domicilio, en el mes de agosto de 1892.
Los funerales por ambos se celebraron el 8 de agosto en la parroquia Nuestra
Señora del Carmen, en la Diagonal. El sexto y último hijo de Esteban fue Antonio (en la familia se le conocía por su tercer nombre de Ramón) nacido en octubre de 1859, actor de teatro (3) (4) casado con María Durán y
fallecido en marzo de 1909 (5) (6). Esteban Heras Roldós falleció de cáncer de
estómago en 1892, con 72 años, siendo ya viudo desde hacía cinco años.
La tercera hermana de José: Matilde Heras
Roldós, nació en 1822. Casó en 1858 con José Urell Turuñó, carpintero. Con él
tuvo dos hijas: Gracia, nacida en 1858, casada con Vicente Badía Ribas, y
Carmen, nacida en 1863, casada con Napoleón Fernández Tiffon. Matilde Heras
Roldós falleció de pulmonía en 1901, con 79 años, siendo ya viuda hacía
diecisiete años.
La hermana más joven de los cinco, María del
Carmen Heras Roldós, nació en el año 1834 y falleció siendo soltera, en abril
de 1886, de una afección orgánica del corazón.
José fue el más longevo de los cinco. Cuando
nació, hacía diez años que se había expulsado de España, al gabacho invasor.
En
el curso académico 1840-1841, con 17 años, recibió un premio entre los alumnos
del primer año en la Universidad de Literatura e Historia de Barcelona (7). Su
primera profesión fue la de cerrajero igual que su hermano mayor y su padre. La
ejerció hasta los 38 años, con una etapa intermedia, en la que se vio obligado
a trabajar de jornalero y, por lo visto, con ciertos aprietos económicos. Ubicándonos
de nuevo en la década de su nacimiento, podemos citar, entre otros hechos, la
invención de la fotografía y la declaración de independencia de las provincias de
Venezuela, Perú, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua y Méjico entre
otras.
Para conocer parte de la procedencia del patrimonio de los
hermanos Heras Roldós, basta con entrar en el Registro Histórico de la ciudad
de Barcelona (8) donde, el 5 de diciembre de 1857, consta en el catálogo de
fondos privados y personales, con el número de registro municipal RM.82, que
los hermanos Heras se ven obligados, por expropiación forzosa, a vender con
carácter perpetuo, unos terrenos heredados de su padre, Antonio Heras. Se los
venden a la sociedad anónima “Camí del Ferro del Centre” (también llamada
Sociedad Anónima del Ferrocarril del Centro) sección de Barcelona a Mataró. Por
esta expropiación obtuvieron el 3% de su valor. Los terrenos eran colindantes con
la Riera d´en Malla; canalización natural que recogía las aguas de la zona de Sarriá-San Gervasio y de la Villa de Gracia, que transcurría paralela al
Camino de Jesús (actual Paseo de Gracia). Al llegar a las murallas de Barcelona, entraban por la Puerta del Ángel y atravesaban la ciudad bajando por
Las Ramblas, hasta salir por la Puerta del Mar. La venta se realiza
junto a la señora Eulalia Mitjavila Basté, pariente política de los Heras y de
José Vila, propietarios en una tercera parte cada uno, por la que reciben
cuatro mil seiscientos reales de vellón (8b). En 1862, y según el RM.83, los Heras Roldós reciben una
tercera parte de la herencia de la mencionada Eulalia, fallecida dos años antes
de una apoplejía.
En RM.85 en fecha 13 de octubre de 1856
consta el testimonio de propiedad de los hermanos Heras, junto a Matilde
Mitjavila Heras y Onofre Vila. Y que esta finca, formaba parte de la herencia
de los hermanos José y Matilde Mitjavila Heras.
En 1864, según RM.86, D. José Durán,
apoderado de los hermanos Heras Roldós, solicita certificación de los registros
de escritura de la 6/48 porción de la parte del terreno que es de Josefa Abella
Mitjavila, que antes era de su madre Eulalia (ya mencionada) que la había
recibido por herencia de su sobrina Matilde Mitjavila Heras, que murió de tifus
en 1854, soltera y “ab intestato” y que esas tierras venían heredadas, desde
principios de mil setecientos, de la familia Malla, que dio nombre a la riera.
Según RM.92, el día 23 de abril de 1863, los
hermanos Heras venden ante el notario Magí Soler i Gelada, a Marcellí Monner i
Valentí y a Josep Matheu i Jacas, la cuarta parte del terreno heredado de sus
primos, los hermanos Matilde y José Mitjavila Heras, por la que obtienen
266.649,76 reales de vellón (8c).
El 4 de diciembre de 1872, dos meses antes
de proclamarse la desastrosa Primera República en España, los Heras Roldós, sin
el mayor Francisco de Asís, fallecido el año anterior, les hacen un requerimiento
a los directores de la Compañía de Ferrocarriles de Tarragona a Martorell y
Barcelona, reclamando su derecho a retrocesión de los terrenos, ya que la
Compañía trasladó la estación que había construido en sus terrenos expropiados, a otro lugar.
En el RM.106, consta un resumen de los pagos
realizados en 1888, a José Heras Roldós, de la parte del terreno que fue de
Matilde Mitjavila Heras.
En el RM.107, consta la declaración de
compromiso del reembolso de un pago de dos mil quinientos francos, realizado a
través del viceconsulado de España en París, a Josefa y Amanda Badía, hecho por
José Heras y José Matheu. Firman en Barcelona el 16 de marzo de 1888, que se
repartirán el dinero a partes iguales.
Todos estos terrenos estaban, como digo, extramuros de la
ciudad de Barcelona. En 1850, la capital daba un censo de unos doscientos mil
habitantes (incluidos los de la Villa de Gracia y Sarriá), lo que suponía una
de las mayores densidades poblacionales de Europa. Al no existir
infraestructuras sanitarias, como agua corriente o red de alcantarillado, hacía
que las condiciones de salubridad fueran pésimas. Por si esto fuese poco, se
mantenía la costumbre, prohibida por ley el siglo anterior, de enterrar a los
difuntos alrededor de las iglesias, hospitales y conventos, lo que contaminaba
los acuíferos subterráneos y provocaba continuas epidemias. La media de vida de
los ciudadanos era de veinticinco años para los pobres y treinta y cinco para
los ricos. Sólo hay que echarle un vistazo al registro civil de la época, para
darse cuenta de que Barcelona era una olla a presión que necesitaba expandirse.
Hacia
1840, los cañones de avancarga empezaron a dejar paso a los de carga posterior
o retrocarga y de ánima estriada, con mucho más alcance y potencia de tiro. Este
avance bélico, hizo que las murallas de las ciudades fueran totalmente
ineficaces y anacrónicas, en el supuesto de un ataque desde el exterior, además
de suponer un impedimento para su ensanche. Esto provocó que, en todas las
ciudades de Europa, fueran cayendo sus murallas medievales. En Barcelona, después
de muchos enfrentamientos entre el Ayuntamiento y el Ministerio de la Guerra,
como el que provocó que, en diciembre de 1842, el general Espartero,
bombardeara la capital desde el Castillo de Montjuïc, el Ayuntamiento, con gran
apoyo popular, consiguió sus pretensiones. Pasados doce años de ese bombardeo, en
agosto de 1854, desde Madrid se dio la orden de derribar las murallas. Sólo
quedaron las del Castillo de Montjuïc y las de la Ciudadela. Con el proceso de
industrialización y el empujón que supuso la Exposición Universal de 1888, el
censo pasó a quinientos mil en poco menos de cincuenta años. Los terrenos que
quedaron sin expropiar de los hermanos Heras, se iban a convertir en el corazón
de la ciudad, con la ampliación y el “Ensanche del Plan Cerdá” (estructuras de
manzanas achaflanadas 45º). Esto fue sólo una pequeña parte del patrimonio, a
repartir entre los cinco hermanos Heras Roldós. De los cinco, el que más
destaca y el que lleva todos los asuntos burocráticos, es José. Probablemente
porque era el único que tenía estudios. Así mismo, de los cinco, el que parece haber
invertido mejor la herencia recibida es también José. De hecho, con lo que
recibió de la expropiación de los terrenos, de la herencia de Eulalia Mitjavila
y de la herencia de sus primos, dejó su profesión de cerrajero y, a finales del
año 1862 o principios de 1863, montó su empresa de construcción, a la que
dedicó el resto de su vida.
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No sabemos con certeza la adscripción política
de José Heras, pero atendiendo a su participación económica, en la comisión
para honrar la memoria del difunto alcalde de Barcelona en cuatro ocasiones, D.
Francisco de Paula Rius y Taulet, declarado sin ambigüedades monárquico y
liberal (9) y teniendo en cuenta que, aunque tiene amigos regionalistas, no consta
que colaborara con ellos económicamente para la causa nacionalista, se puede suponer
que José Heras Roldós era monárquico y liberal (como su nieto Evaristo Bofill i Bonay) por supuesto, no hay rastro de que fuera absolutista o carlista. De lo
que no cabe duda es de su sentido patriótico español. En 1896, en plena guerra
de Cuba, se organiza en el barrio de Gracia una campaña de recogida de fondos,
para los enfermos y heridos de las guerras de Cuba y Filipinas. Se hace a través
del semanario “La Campana de Gracia”. El señor José Heras i Roldós consta como
colaborador nº 86 (10).
En cuanto
a su filiación religiosa, como ya he dicho, no dispongo todavía de su
certificado de bautismo; pero teniendo presente que durante los siglos XVlll y
XlX, en España la religión oficial fue el catolicismo, aunque a mitad del XlX
se permitiera la libertad religiosa, no fue hasta la constitución de la Segunda
República en 1931, que España se convirtió en un estado aconfesional y, aun así,
el catolicismo fue la religión practicada por una mayoría abrumadora de la
población. Sobre todo, en la sociedad burguesa y acaudalada. Teniendo en cuenta,
que cuando muere su hija Enriqueta en 1889, le hace un funeral
religioso en la iglesia católica de San Jaime, en la calle Ferrán y al año
siguiente, le hace otro funeral en el Real Monasterio de Santa Clara, ubicado
junto a las murallas, dentro de la Ciudadela, católico también (11) y observando
el capítulo primero de sus testamentos, así como la terminología religiosa que
utiliza, nos hace concluir definitivamente, que José Heras Roldós era católico
practicante. Y digo más: poniéndose frente a su sepultura, no cabe duda de que
era muy creyente y temeroso de Dios.
Referente
a sus progresos económicos, sabemos que desde que se casó, y mientras fue
cerrajero, estuvo viviendo en la calle de la Cendra nº 1, primera planta. Un
piso de 47 metros cuadrados. Ahí vivió unos diez años y fue donde tuvo a sus
tres primeros hijos, Antonio José, José Francisco y Federico. En 1858,
coincidiendo con su época de jornalero, se había mudado a la calle del Carmen
nº 37, séptima planta. Un piso de similares características, pero mucho más
viejo y de más barato arrendamiento por su altura. Aquí tuvo a su hija Eulalia.
Dos años más tarde, en 1860, vuelve a trabajar de cerrajero, pero sigue
viviendo en una casa barata de la calle del Carmen nº 1, 7º piso. Ahí tuvo a su
hija Enriqueta. Tres años más tarde, en julio de 1863, ya aparece como
contratista de obras públicas y viviendo en el primer piso de la calle San
Pablo nº 42. Un piso de 121 metros cuadrados. En esa casa de una zona más
elegante y cara, fue donde nació su hijo Enrique y también donde falleció con
cerca de dos años. Poco después se iría a vivir a la calle Puertaferrisa nº 11-2º,
la zona donde vivía la gente más acomodada de la ciudad, de donde ya no se
volvió a mudar, más que para bajar al piso primero 1ª en año 1881, cuando lo
dejó libre el Dr. Salvat especialista en urinarias y venéreas, y al piso principal
1ª cuando ya tenía ochenta años. Todas estas casas, incluida las de
Puertaferrisa, eran alquiladas.
Después de dejar el empleo de cerrajería y montar, con muy buen
tino, su empresa de construcción, sabemos de sus progresos económicos, no sólo
por las casas donde vivía, sino por sus grandes inversiones inmobiliarias, para
la obtención de rentas por medio de alquileres. Típico de la burguesía del
Modernismo Barcelonés de finales del siglo XlX. El 23 de octubre de 1882,
cuando llevaba ya veinte años con su empresa de construcción, ante el notario
de Vila de Gràcia D. José López i Menéndez, José Heras Roldós compra al Estado,
una finca situada en la calle Riera Alta de Barcelona, para construir tres
bloques de viviendas. Los nº 48, 50-52 y 54-56. Los construye con su empresa y
manda poner un escudo con sus iniciales “J H” en su frontispicio. Hoy día aún
se pueden ver esos escudos en los tres portales.
Además, compra también los
bloques desde el 57 hasta el 85, según consta en el anuario de propietarios de
Barcelona de 1896 (12). En total son cerca de trescientos pisos de los que
obtenía rentas. En ese mismo año, y hasta 1902, figura como propietario del
bloque situado en el número 5 de la calle Arco del Teatro, y del bloque nº 344
de la calle Aragón, que alquilaba igual que todos los demás (13). Estos dos
bloques los mantuvo hasta el final, y entraron en el inventario de su herencia, legándoselos a su hija política Francisca Farriols Anglada
Conocemos también, algo de sus inversiones en renta fija municipal.
En el año 1897, el Ayuntamiento de Barcelona se anexiona el pequeño municipio
de San Martín de Provençals. En principio, el Ayuntamiento de Barcelona dice
que no quiere saber nada de la emisión de deuda pública, del anterior municipio
de San Martín. José Heras y otro más, presentan una instancia al Ayuntamiento de
Barcelona solicitando el pago de intereses y amortización de la deuda del Ayuntamiento
de San Martín de Provençals (14). Ese mismo año de 1897, el Ayuntamiento de
Barcelona entró en razón y sacó una nueva emisión de deuda pública, que tomó el
nombre de “Deuda de San Martín”, para amortizar las deudas contraídas por el municipio de San Martín. Su contravalor se emitía en láminas. Al parecer, esta
vez el Ayuntamiento de Barcelona emitió unas láminas de forma legal y otra de
forma ilegal. Al vencimiento, los que tenían la emisión legal obtuvieron
capital más intereses. Los que disponían de las láminas de emisión ilegal,
tuvieron que pasar su calvario para recuperar su inversión, ya que, en 1902 se efectúa
un sorteo para la amortización de los últimos títulos que quedaban y en septiembre
de 1903 José Heras Roldós, junto a dos personas más, reclama la legalización de
sus láminas (15). Poco a poco se fueron regularizando y legalizando todas ellas
(16). Por lo visto, invertir en deuda pública de Cataluña en aquellos tiempos, ya
tenía sus riesgos añadidos. La situación económica del Ayuntamiento de Barcelona, debía
de ser desastrosa, a juzgar por las declaraciones del Sr. Ildefonso Suñol, en
nombre de la Comisión Municipal de Hacienda (17), donde sólo el capital de la
deuda, ascendía a 97 millones de pesetas y sus intereses a 6,2 millones. La situación
económica del Ayuntamiento de Barcelona, no difería de la del resto del país.
En 1895 comenzó la guerra de independencia de Cuba. Esos años la mayor parte del
presupuesto estaba dedicado al Ministerio de la Guerra. Después de la “Guerra
de Independencia Española”, de las tres “Guerras civiles Carlistas” que le
sucedieron, de la “Guerra del Pacífico” contra Chile y Perú en la década de los
sesenta, de la anterior “Guerra de los Diez Años” contra Cuba con la "Guerra Chiquita" que le siguió, más todas las guerras
que tuvimos en África, las arcas del Estado, estaban totalmente secas (en el
siglo XIX y principios del XX, España no salía de una guerra, que se metía en
otra, a veces tuvo varias al mismo tiempo. Era la distracción de políticos y
militares, mientras que la de la población civil, era la de quemar iglesias y
conventos). De ahí la meteórica rentabilidad del 6% de la deuda pública.
Rentabilidad que aprovechaban las grandes fortunas como los Marqueses de
Comillas y los Condes de Güell, o más modestas como José Heras. También hay
constancia de que su hermana Matilde, invirtió dinero recibido de las
herencias. La guerra de Cuba duró hasta 1898, en que los Estados Unidos, fiel a
su política internacional, entró al final de la contienda, cuando ya los
rebeldes tenían prácticamente derrotadas a las tropas españolas. La excusa de
los norteamericanos para declararnos la guerra, fue el hundimiento del
acorazado “USS Maine” con parte de su tripulación, en la bocana del puerto de
la Habana. Hubo un total de 274 muertos, entre los que contaban sólo “2”
oficiales. Todos los demás estaban en tierra por orden de la superioridad. Acto
de sabotaje, del que España se declaró inocente desde el principio (y lo ha hecho
obstinadamente durante cien años) hasta que estudios recientes, y los últimos
documentos desclasificados por el gobierno de los E.E.U.U. sobre la “Operación
Mangosta”, avalan la hipótesis de que fueron ellos mismos los que cometieron el
sabotaje, para tener el “casus belli” que necesitaban para declarar la guerra a
España (18). Estos hechos, junto a la pérdida de las últimas provincias de Puerto
Rico, Filipinas y la isla de Guam en las Marianas, a decir de algunos
historiadores, fueron el principio de la cadena, que nos llevó junto al
“Desastre de Annual” en el Rif, a la dictadura de Primo de Rivera, a la Segunda
República y a la Guerra Civil Española de 1936.
Sabemos pues, que en
el último cuarto del siglo XlX, José Heras Roldós tenía varios centenares de pisos
alquilados. Sabemos que invertía en deuda pública de alta rentabilidad. Conocemos
también que creó una empresa de obras públicas (19) de la que constaba como propietario,
al menos hasta 1896 (20). Aunque él se autodenominó contratista de obras
públicas, hasta 1913. Está claro que don José diversificaba. También invirtió
en renta variable. En sus testamentos deja a sus herederos sus “acciones,
derechos y créditos”. En la Burguesía Modernista Catalana de finales de siglo
XlX, si no tenías acciones de alguna empresa del Bolsín Catalán, no tenías
oportunidad de participar en las conversaciones de salón, de intelectuales y
pudientes rentistas, todos ellos vestidos con levita negra, camisa de popelina almidonada
de cuello alto, con las puntas de la pala vueltas, tipo Milton, pajarita o
corbata lazo visto, chaleco, chistera, reloj de bolsillo con leontina de oro o
plata y bastón con puño de marfil o repujado en plata; con su monóculo en el
bolsillo superior para poder leer el liberal-conservador “Diario de Barcelona”,
el católico-monárquico “La Convicción”, aunque con ciertas reservas por su
inclinación carlista, o echarle un vistazo
a nuevos diarios como “La Vanguardia” o el nacionalista “La Renaixança”. Se
reunían después de asistir a misa y comulgar, para tomar un café recién
importado de Colombia, que para entonces estaba sustituyendo al chocolate
caliente, y fumar un puro habano en “La Mallorquina” o en los salones del
recientemente remodelado “Hotel Oriente”, pero nunca en los del “Café Pelayo”,
que estaba lleno de agnósticos y anticlericales como Gaudí (21) a quien ahora,
alguien pretende beatificar para la causa nacionalista. Esto nos hace pensar
que José, podía vivir perfectamente de rentas. Sin embargo, no lo hizo así, ya
que las solicitudes de obras privadas y concesiones públicas a su empresa de construcción, han dejado rastro en
el Ayuntamiento de Barcelona y en prensa escrita. En 1873, junto a otras tres personas, solicitó permiso para cercar los terrenos de la derribada iglesia de Junqueras (21c). En 1876 presentó una instancia, junto a un tal Mateo Nuevo Fernández, para instalar dos edificios de ocio, llamados "Skating Ring" (pistas de patinaje) (22c). El día 15 de agosto de 1880 se inaugura el tranvía
Barcelona-Ensanche-Gracia. Por esas fechas José estaba asociado con otro
contratista, tres años mayor que él y conocido en los círculos mercantiles por
su gran honradez:
Buenaventura Juliá Fortuny (21b). La empresa se llamaba
“Heras y Juliá” y fue la que construyó las vías, utilizando hierro de la
fundición de Can Girona, propiedad de los hermanos Girona, que ya tenían muy
amplia experiencia en construcción y explotación de empresas ferroviarias (22). Dos años antes, la empresa Heras y Juliá, junto a otro constructor llamado Ramón Miralles, le piden al Ayuntamiento de Barcelona que les paguen los intereses de la deuda que acreditan (22b).
El día 6 de noviembre de ese año, el Ayuntamiento de Barcelona da permiso al
contratista José Heras, para que haga una prueba de empedrar 150 metros del
Carrer Ample, con una nueva piedra procedente del Vesubio (23). El sábado 18 de
diciembre de 1880 fue adjudicada a favor de don José Heras, la construcción de
la alcantarilla de la calle del Rosal. Este constructor había efectuado una rebaja
de “nueve mil y pico pesetas”, en el tipo de 32.647 en que estaba calculado el
presupuesto (24). El 1 de febrero de 1881, en el Ayuntamiento de Barcelona, se
aprueba el dictamen referente a algunas cuentas pendientes de pago, al señor
José Heras y a varios más, por diferentes trabajos efectuados en la ciudad y a
cuenta del municipio. La cantidad ascendía a 27.134´87 pesetas (25). En 1882 se
concede al contratista José Heras, la construcción de todos los pasos
adoquinados del Ensanche Inferior a la calle Cortes y Hostafranchs por 201.800 pesetas (25b). En febrero
de 1882, la empresa “Heras y Juliá” inauguró los trabajos de construcción del
ferrocarril, de Manresa a Berga. Recordemos que este año fue cuando compró los
terrenos, y empezó a construir sus tres bloques de la calle Riera Alta. Todo
ese año, estuvo dedicado a la construcción de una parte del ferrocarril al Alto
Llobregat y más concretamente, al tramo de Balsareny a Puig-reig. Esta vez su
socio volvía a ser Buenaventura Juliá Fortuny; pero, por error,
la empresa que aparece en prensa es “Heras y Fortuny”, aunque en la Memoria de la Junta General de Accionistas escriben correctamente su razón social “Heras y Juliá” (22b´ y 22b´´). En abril
de ese año 1882, se aprueba en el Ayuntamiento de Barcelona, la minuta de
escritura de la contrata de obras en la Riera d´en Malla, a favor de José Heras
y de Font i Mariages, contratista de obras públicas también (quien se iba a
convertir en su consuegro) (26) por “la importante cantidad de 11.007 pesetas”
(27). En octubre de ese mismo año 1882, construye el adoquinado del Camino de Jesús,
ya llamado Paseo de Gracia, para que puedan cogerse los coches de caballos en
ambas direcciones, evitando a los peatones tener que cruzar la avenida. Los
bordillos sobre los que rodaban los carruajes, también eran de piedra del
Vesubio (28). A partir de este otoño, se percibe una parada temporal en las
concesiones y en el trabajo de José. Muy probablemente se debió a que se fue a
Francia con sus tres hijos y Francisca Farriols, su hija política. Estuvieron
pasando una temporada en Prats de Mollo-La Preste. Una pequeña población de la
región del Rosellón francés, a pie de los Pirineos y fronteriza al sur con la
provincia de Gerona, donde había un balneario con unas fuentes termales
medicinales, muy aconsejadas para las enfermedades reumáticas, urinarias y de
pulmón. Allí estuvieron hospedados, en lo que hoy se llama “Le Gran Hotel
Thermal”, establecimiento donde falleció su hijo mayor José, con treinta y tres
años. Ya de regreso a Barcelona, y pasados siete meses de la defunción de su
hijo, en diciembre de 1884 se le adjudica a José Heras, la construcción de veinticinco
casillas de madera, con destino a fielatos de consumo, mediante la cantidad de
ciento catorce pesetas cada una (29). En 1886 se le deniega la devolución de un
depósito, constituido en representación de la empresa concesionaria de aguas
subterráneas del rio Llobregat, por concedérsele a cambio, autorización para
colocar una cañería en la carretera de Cornellá a Fogás (30). En 1891 pide
permiso, junto al constructor Narciso Cortinas Batllori, para construir un
almacén en la Avda. Mistral (30b). El día 12 de octubre de 1904, con ochenta
años de edad, aparece como auxiliar de Urbanismo y Obras Públicas del
Ayuntamiento de Barcelona, en un derribo de 47 casas en el Paralelo. Más que
como auxiliar, debió de asistir como perito, ya que, en 1903, 1904 y 1905
todavía se publicita como concesionario de obras públicas (31) y en 1911,
cuando contaba con 86 años, aparece como contratista y constructor en el
“Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la
administración” con oficinas en su casa de Puertaferrisa 11-1º-1ª (31b). Llegado este punto, he de reconocer que, con la mentalidad y
experiencia ciudadana del actual siglo XXl, nada más averiguar que José Heras
tuvo una empresa de construcción de obras públicas, automáticamente pensé en
corrupción. Hoy día, los ciudadanos españoles de a pie, utilizamos los términos
“Política”, “Construcción” y “Corrupción” como si fueran sinónimos. He dedicado
muchas horas a rastrear las hemerotecas de los diarios y revistas de la época,
en busca de alguna palabra o indicio, que llevara a sospechar trapicheo o
corruptela encubierta. No he encontrado el más mínimo rastro. Más bien parece
lo contrario, con la construcción de la alcantarilla de la calle del Rosal,
donde a José Heras le adjudican la obra, por ofrecer una rebaja de un treinta
por ciento en lo presupuestado por el Ayuntamiento. De quien sí he encontrado
algunos artículos un tanto comprometedores, es de su consuegro, el también
contratista de obras públicas Juan Font i Mariages (31c). Siempre he pensado que,
en una sociedad con un estado de derecho, lo que hay que hacer contra un
presunto corrupto o delincuente en general, es argumentar su culpabilidad y
acusarle del delito. Después, que el inculpado demuestre su inocencia en los
tribunales de Justicia. No se puede llevar a cabo este proceso al revés, como está
ocurriendo en la actualidad, por intereses partidistas o mediáticos. El hecho
de que yo no haya encontrado ningún vestigio, que haga sospechar corrupción, no
lleva implícito que no haya existido. Simplemente significa lo que significa:
que yo, no la he encontrado.
En
1890, al año siguiente de fallecer su hija Enriqueta, recae sobre Juan Font i
Sangrá, de la Villa de Gracia (32) una sentencia en la que se le imponen cuatro
años, nueve meses y un día de destierro, más multa de mil quinientas pesetas y
las costas, en una “ruidosa causa” (sic) promovida por José Heras, por “injurias
inferidas en cierto medio impreso” (sic). El señor Font había publicado unos
versos libres en unos panfletos, que tituló “El Señor Suposición y Doña Porra”.
Muy probablemente referidos a José y a su hija. En esos años el sueldo medio de
un trabajador estaba entre 90 y 100 pesetas. El abogado de José sólo pedía
quinientas pesetas de multa, pero el Juez la aumentó al triple. El hecho no
tendría mayor importancia, de no ser que Juan Font i Sangrá era el viudo de
Enriqueta. No confundir a los dos hermanos Juan Font i Sangrá. Uno era Juan,
Ramón, Baudilio, nacido en noviembre de 1850. El otro, Juan, Federico, Víctor, nacido
en diciembre de 1855. El uno era Juan Bautista, el otro era Juan Nepomuceno (33)
(34) (35). Aunque a ninguno de los dos, les pusieran estos dos últimos nombres
en su inscripción de nacimiento, pero sí en la de bautismo. Los dos eran coleccionistas
de arte, como su padre Juan Font i Mariages, casado con Ignacia Sangrá (36). Los
dos habitualmente firman sin su segundo nombre de pila, o sea: los dos firman
como “Juan Font”, igual que su abuelo, igual que su padre e igual que su tío,
que también se llamaba Juan Font i Mariages. Eso de poner el mismo nombre a dos
hijos, fue algo bastante habitual en siglos pasados, por las ventajas que
conllevaba. Tan es así, que hubo un momento, en que la Iglesia, cuando llevaban
a un hijo para ser bautizado, obligaba a los padres a hacer un juramento,
diciendo que no tenían ningún hijo viviente, con el mismo nombre. De ahí que el
matrimonio Juan Font y Jacinta Mariages, tuviera dos hijos llamados Juan Font i
Mariages, y uno de ellos, casado con Ignacia Sangrá, tuviera dos hijos llamados
Juan Font i Sangrá. A la hora del bautizo, a uno le añadieron Bautista y al
otro Nepomuceno. El marido de Enriqueta fue Juan Nepomuceno, nacido en 1855. Su
hermano Juan Bautista había nacido cinco años antes y se hizo arquitecto. Los
dos eran grandes colecciones de cuadros. Sobre todo, de los pintores catalanes Ramón
Martí Alsina y Mariano Fortuny. En 1929, al morir en Cardedeu el marido de
Enriqueta, dejó en testamento toda la colección a su hermano mayor, que era
viudo de María Oliva Seguí, excluyendo de ese legado “El gran día de Gerona” que legó
al Ayuntamiento de Barcelona.
Con la demanda presentada por José contra su yerno, se
observa perfectamente, que José Heras no se dejaba amilanar, ni siquiera por su
yerno, con quien las relaciones familiares, se rompieron totalmente, después de
la muerte de Enriqueta en extrañas circunstancias. Aunque lo más probable, es
que ya estuvieran rotas desde antes; precisamente por el motivo que ocasionó la
muerte “accidental” de su hija a los cuatro años de casada.
De lo
que no existe ninguna duda, es de la clase social y económica en la que se
movía José Heras. El 19 de julio de 1893 apadrina la boda de Narciso Verdaguer i Callís,
abogado y director del diario La Voz de Cataluña (37) con Francisca Bonnemaison
Farriols, sobrina política de su hijo Federico Heras Sagristá. Conocida como “Paquita Verdaguer”, fue una de las primeras
luchadoras por los derechos de la mujer, reconocidas en la Historia de España
(boda oficiada por Mossén Cinto Verdaguer, antes de enemistarse con su primo Narciso,
y de ser suspendido “a divinis” por el obispo Morgades). Junto a José Heras
Roldós, apadrina también la boda Eusebio Güell i Bacigalupi. I Conde de Güell, yerno
del I Marqués de Comillas y padre de Juan Antonio Güell i López, que se
convertiría en el III Marqués de Comillas. Eusebio Güell i Bacigalupi, indiano
e hijo de indiano. Su padre y él amasaron una enorme fortuna en Cuba. Propietario
del parque, palacio y bodegas que llevan su nombre y mecenas de Gaudí. Como padrino
de boda también aparece Cayetano Fábregas i Rafart, político local y potentado
industrial textil de artículos de seda (38). Por último, Joaquín Rivera Cuadrench,
rico propietario y constructor del Ensanche, más tarde directivo del partido
regionalista “Lliga de Cataluña” (38b) (38c) y concejal del Ayuntamiento de
Barcelona (38d). A la pomposa boda acudió la flor y nata de la alta sociedad
política, intelectual y económica de Barcelona, que se celebró en la iglesia de
Nuestra Señora de la Merced, con gran fasto, suntuosidad y despliegue de medios
informativos.
El 7 de noviembre de ese año, estando recién casados, asistieron a la inauguración de la temporada del Gran Teatro del Liceo, para ver la representación de la ópera "Guillermo Tell" de Rossini. Después de terminar el primer acto, ella se sintió indispuesta y tuvieron que irse a casa. A la vuelta se encontraron con el resultado de uno de los mayores atentados terroristas sufridos en Barcelona. El anarquista Santiago Salvador, desde el gallinero, había lanzado dos bombas Orsini a la platea, de las que sólo explotó una, con el resultado de veinte muertos.
Entre
el círculo de amistades íntimas de José Heras, hay que resaltar tres personas: el
mencionado Narciso Verdaguer i Callís, preceptor de los hijos de los III Marqueses de Comillas; primo, como ya se ha
dicho, de Mosén Jacinto Verdaguer i Santaló, probablemente el más grande poeta,
que haya existido en la historia de las letras catalanas, pero que, a nivel
personal y religioso, dejó muchas sombras, como fueron su fulminante expulsión
de la casa de Claudio López Brú, II Marqués de Comillas, donde vivía a título
de limosnero, su vinculación con la Sra. Deseada Martínez Guerrero, cuatro años
menor que él, viuda de Manuel Durán Monselier, y con su hija Amparo con quienes
vivía, o la ya mencionada suspensión “a divinis” (prohibición de celebrar la
liturgia). Narciso Verdaguer i Callís, a quien el Ayuntamiento de Barcelona
tiene dedicada una calle (39). Abogado y Diputado a Cortes Españolas en 1914 (40),
quien, junto a Francesc Cambó (pasante del despacho de Narciso), Enric Prat de
la Riba y Pere Rahola, consolidaron la “Lliga Regionalista”, como partido hegemónico
catalán y catalanista, desde 1901, hasta el advenimiento de la Segunda República
(41). A Narciso, su primo Jacinto le acusa públicamente, entre otras maldades,
de haber confiscado los fondos recolectados en suscripción popular, para el
mantenimiento del sacerdote, con el fin de asfixiarle económicamente (42). El
testimonio de Narciso Verdaguer (43) fue decisivo para que condenaran a su
enemigo político, Francisco Ferrer i Guardia, en el consejo de guerra que
contra el profesor librepensador, creador de la enseñanza laica en Barcelona,
republicano y anarquista, se celebró en la cárcel Modelo, acusado de ser el
instigador de la “Semana Trágica” de Barcelona. El juicio estuvo plagado de
irregularidades, vaguedades y medias verdades, como fueron la de cambiar la
jurisdicción civil por la militar, la de desterrar de Cataluña a los testigos
de la defensa (capitán de Ingenieros Francisco Galcerán) o las propias declaraciones
de Narciso Verdaguer, que produjeron la indefensión de Ferrer i Guardia, quien
tres años antes ya había sido encarcelado, por el atentado contra el rey
Alfonso XIII, el día de su boda con Victoria Eugenia de Battenberg (aunque al
año siguiente fuera puesto en libertad por presiones políticas y porque el
autor material, Mateo Morral, ya había muerto en Torrejón de Ardoz de un
extrañísimo suicidio, mientras era conducido al cuartelillo). En el juicio de Barcelona, todo el mundo, incluidos sus
enemigos, como eran Narciso Verdaguer y el mismo Alfonso XIII, a quien la hija
de Ferrer i Guardia pidió clemencia y el Borbón no se molestó en contestar, sabían
que era inocente de los cargos de la acusación. Testigos presenciales cuentan
que Francisco Ferrer i Guardia, de cara al pelotón y con los ojos vendados en contra
de su voluntad, fue fusilado a las nueve de la mañana del 13 de octubre de 1909,
en el foso de Santa Amalia del castillo de Montjuïc. Cuentan que cuando un
jovencísimo teniente, jefe del pelotón, levantó el sable dando la orden de
apuntar, Francisco gritó: “Viva la Escuela Moderna”, momento en que bajó el
sable; y a la orden de: “fuego”, se oyó la estruendosa descarga de fusilería (44).
Estos inaceptables hechos, provocaron una ola de multitudinarias
manifestaciones en todo Europa, incluida España y, en consecuencia, la caída
del gobierno conservador del presidente Antonio Maura.
Como íntimo amigo de José Heras, aparece también Agustín
Farriols i Anglada, hermano de Francisca Farriols i Anglada, esposa de su hijo
Federico. Señora a la que José Heras incluye
como legataria en su testamento, como se verá más adelante. Agustín Farriols i
Anglada, marido de Dolores Centena Bonay e ilustre médico cirujano y tocólogo
(45). Vocal de la Junta Provincial de Sanidad (46) y Presidente de la Academia
del Cuerpo Médico Municipal de Barcelona (47).
Por último, entre sus más íntimos, consta
Antonio Codorníu i Tarrés, vecino suyo del piso superior, en calle
Puertaferrisa, abogado y Secretario del Juzgado del distrito de la Universidad
(48) (48b), más tarde Juez. Amigos los tres, a quienes mencionaré más adelante
para evidenciar su amistad y confianza.
Con estos datos contrastados, podemos aseverar que José Heras
Roldós llegó a pertenecer a la más alta sociedad burguesa catalana.
Se casó a
los 24 años el día 23 de diciembre de 1848, en la parroquia de San Agustín del barrio
de El Raval, con Agustina Sagristá i Marquet, de su misma edad. Ella era
natural de Barcelona, hija de Eulalia Marquet Nicolau, natural de Esparraguera y
de José Sagristá Legón, de profesión herrero y natural de Barcelona. En algunos
documentos aparece como nacido en Tarragona, aunque sus cuatro abuelos, tanto
los paternos, Ramón Sagristá y Magdalena Legón, como los maternos Ramón Marquet
y Margarita Nicolau, procedían de Esparraguera, a 30 Km. de Barcelona. Agustina
era la segunda de siete hermanos y la única hembra: Ramón, Agustina, Manuel, Félix,
Fernando, Ignacio y José.
José Heras Roldós y Agustina Sagristá
Marquet, tuvieron seis hijos: el mayor José (aunque le inscribieron como
Antonio José Mariano) nació a los seis meses de casarse, en junio de 1849.
Falleció en diciembre del mismo año con cinco meses, fue enterrado en el
Cementerio General, también conocido como de Poblenou. Con el segundo, nacido
el día 24 de diciembre de 1850, repitieron el nombre de José (le inscribieron
como José Francisco de Paula Tomás). Empezó la carrera de ingeniería
industrial, pero no la acabó (51). Murió en Francia el primero de mayo 1884 a
las dos de la madrugada, en el Departamento de los Pirineos Orientales, como ya
se ha dicho, sin que en su acta de defunción, firmada por el funcionario, por
su hermano Federico y por el doctor Berny Francois, conste el motivo del
fallecimiento (52). Allí fue inhumado hasta que siete años más tarde, en agosto de 1891, su padre
repatrió los restos para que descansaran en el panteón familiar de Motjuïc
(53). El tercero, ya mencionado, Federico nació a las siete de la mañana del 19
de septiembre de 1853, fue bautizado el día veintiuno de septiembre, en la
parroquia del Carmen, con los nombres Federico Arturo Ramón. Casado y fallecido
el 11 de diciembre de 1916, a los 63 años, sin descendencia legítima, pero con,
al menos, cuatro hijos ilegítimos habidos fuera de su matrimonio, dos de los
cuales le sobrevivieron (49) (50) (51). La cuarta, Eulalia, nacida el día 2 de diciembre
de 1858 y bautizada en la parroquia de Belén, el día 6 del mismo mes. Murió de
sarampión el día 21 de enero de 1861, cuando contaba con dos años de edad. Fue
enterrada en el Cementerio General. La quinta, mencionada también, Enriqueta
Margarita Ramona Heras i Sagristá, nacida el 29 de octubre de 1860, a las diez
de la mañana. Bautizada en la parroquia de Belén el día 2 de noviembre de ese
mismo año. Fallecida el 2 de marzo de 1889 en la Villa de Gracia con 28 años. Casada,
como ya se ha dicho, con Juan Font Sangrá y sin descendencia (C.D. E.H.S.). El sexto
fue Enrique Antonio Ramón Heras Sagristá, nacido el 19 de julio de 1863. Fue
bautizado en la Catedral, el día 24 del mismo mes. Falleció el día 27 de junio
de 1865 a las once de la noche, cuando estaba a punto de cumplir dos años, sin
que consten las causas de la muerte. Fue enterrado en el Cementerio General al día
siguiente.
Agustina Sagristá Marquet murió de neumonía en la calle
Puertaferrisa 11-2º, la tarde del día 31 de mayo de 1879. Fue enterrada
inicialmente en el cementerio de Poblenou. José Heras quedó viudo con 55 años,
cuando su hijo mayor José permanecía soltero con 28 años, su hijo Federico
tenía 26 años, ya casado, y su hija Enriqueta, todavía era soltera con 19 años.
Hasta
aquí los datos familiares del matrimonio Heras-Sagristá y de sus seis hijos. José
Heras Roldós terminaría el siglo XIX viudo, con un sólo hijo vivo que no tenía descendencia
“legítima”. Sus otros cinco hijos habían muerto sin poder darle nietos. Y de
los cuatro ilegítimos que tuvo Federico, sólo dos quedaban vivos: Filomena y
Evaristo Bofill Bonay.
Buscando
entre los antepasados y los descendientes, hasta la tercera generación, de los
hermanos de José Heras y de su esposa Agustina, no he encontrado ninguno digno
de mención por sus cualidades culturales, intelectuales, artísticas o
económicas. Sí en las políticas:
Fermín Sagristá Salomó, sobrino de Agustina
por parte de su hermano Fernando, fue un destacado dibujante anarquista,
condenado y encarcelado por publicar dibujos satíricos del Ejército, referidos
al fusilamiento del anarquista Ferrer i Guardia. Al poco tiempo fue indultado por
presiones extranjeras (53 c). Después marchó a Rusia y estuvo colaborando con
los revolucionarios soviéticos, para derrocar al Zar Nicolás II. Por eso, le
condenaron a veinte años de deportación en Siberia. Cuando los bolcheviques
hubieron asesinado a toda la familia Romanov en Ekaterimburgo, y triunfado la
Revolución, le liberaron y regresó a Barcelona. En el año 1937, en plena guerra
Civil Española, cuando Fermín contaba ya 70 años, en La Vanguardia aparece un
artículo pidiendo limosnas, para satisfacer las necesidades básicas de Fermín
Sagristá y de su segunda esposa María Magarola (53 b).
El que también aparece en varios artículos de
prensa, es el propio hijo de José, Federico Heras Sagristá, quien, en marzo de
1898, el juzgado de primera instancia del distrito de Atarazanas, le cita para
que reconozca la legitimidad de su firma en un pagaré, que presenta el cambista
D. Francisco Quer (el nombre de este cambista, aparecerá en el testamento de
José Heras) por la cantidad de 865,5 pesetas. La cédula de citación se hace en
prensa, por desconocer el juzgado el domicilio de Federico. Al no darse por
enterado de la citación y no presentarse, el 22 de abril le embargan
preventivamente. Para entonces, estaba totalmente arruinado y al ser
financieramente insolvente, tiene que presentarse en el juzgado, con
propiedades por valor de lo ejecutado en el embargo. Lo hace entregando ropa
vieja, muebles y trastos. El día 5 de julio de ese año, se subastan sus enseres
al mejor postor (54).
También hay que mencionar a una sobrina de José, Carmen Urell
Heras, una de las dos hijas de su hermana Matilde que, en 1880, con diecisiete
años, casó con Napoleón Fdo. Fernández Tiffon, hijo de Antonio y Anaïs. Ellos
fueron los que montaron el famoso estudio fotográfico “Napoleon” en la Rambla
de Santa Mónica de Barcelona. Después su hijo Napoleón Fco. montó uno en Madrid
y el marido de Carmen, Napoleón Fdo., montó otro en la Plaza del Ángel de
Barcelona, tras fracasar su negocio de lencería de la calle del Pino. Ganaron
muchísimos galardones internacionales. Antonio Fernández, a quien su esposa
Anaïs llamaba Fernando por no gustarle el apellido Fernández, fue nombrado
Comendador de la Orden de Carlos lll, caballero de la Orden de Isabel la
Católica, de la Legión de Honor francesa y la Orden de Cristo en Portugal. Fue
nombrado fotógrafo de cámara del rey Alfonso Xlll. Y desde este, pasando por el
general Martínez Campos, la reina Isabel ll, el papa León Xlll o las mismas
familias Heras y Bonay, fotografiaron a toda la alta sociedad barcelonesa. La
saga “dits Napoleon”, duró tres generaciones, hasta 1968; pero entre los que
siguieron la profesión, no se encuentran los descendientes de Carmen Urell Heras
con Napoleón Fdo. (54 b).
Para seguir con la biografía de José Heras
Roldós, hay que continuar presentando personajes, que tuvieron que ver muy
directamente con él, o con su hijo Federico, el único que transmitió su línea
de sangre, aunque no su apellido:

Evaristo Bofill i Pichot. Nacido a las ocho
de la tarde del 26 de octubre de 1854, en la calle Bufanalla nº 2 de Barcelona,
y bautizado en la Catedral tres días más tarde, con los nombres de Evaristo
Antonio Luciano. Hijo de Jacinto Bofill i Bassas, fabricante primero,
comerciante después, nacido en Barcelona en 1823 y de Ángela Pitchot i Selva,
nacida en Barcelona en 1834; casados en Barcelona en diciembre de 1853. Evaristo
era el mayor de seis hermanos: Evaristo, Jacinto, Matilde, José María, Elisa y
Asunción. Pertenecía a una familia burguesa de rancio abolengo. Veraneaban en
San Julián de Vilatorta, a dos kilómetros de Folgarolas, en la comarca de Osona
(Barcelona). Su estirpe se prolonga en el tiempo. El abuelo de Jacinto, Jaume
Bofill y Salarich, monárquico absolutista, fue farmacéutico de cámara del rey
Fernando VII. Botánico de renombre en toda la zona del Montseny. Tuvo una
herboristería en Viladrau (en la comarca de Osona, a 18 kilómetros de Folgarolas,
pero ya en la provincia de Gerona) donde se estableció. “Ca l´Herborari” fue
centro de reunión de intelectuales y artistas, a mediados del siglo XX. Bofill
i Salarich se casó tres veces y tuvo una gran descendencia. Parte de ella permanece
todavía en Viladrau, en la zona del Montseny y en La Plana de Vic. Entre sus
descendientes podemos contar con Jaume Bofill i Mates, escritor, poeta y
político catalanista; con su hijo Jaume Bofill i Bofill, filósofo y
catedrático, en cuyo recuerdo se creó una Fundación que lleva su nombre; o con
Jaume Bofill i Ferro, poeta, crítico literario, doctorado en farmacia y
licenciado en filosofía. El mismo Jacinto Bofill i Bassas, padre de Evaristo,
además de comerciante, fue elegido dos veces concejal por el Partido Liberal del
Ayuntamiento de Barcelona.
El cuarto hermano de Evaristo, José María Bofill Pichot, fue médico,
entomólogo y naturalista. Toda una eminencia en el campo de la investigación
bacteriológica. De tanto estudiar el bacilo de Koch en los esputos, adquirió
una tuberculosis, que a punto estuvo de llevarle a la tumba. No sólo colaboró
con D. Santiago Ramón y Cajal durante tres años, sino que se cuentan por
decenas, sus libros y tratados sobre la flora y fauna insectívora catalana. Este
era José María, padre, abuelo y bisabuelo de reputados arquitectos (uno de ellos
fallecido recientemente en enero de 2022, a consecuencia de las secuelas del
COVID). Todos ellos, familiares cercanos o lejanos muy meritorios, pero el
único mérito personal de Evaristo Bofill i Pichot, era el de ser el hijo mayor
de Jacinto Bofill y de Ángela Pitchot i Selva (55). Evaristo se dedicó al
comercio ayudado por su padre. En 1884 fundó, junto a sus socios Bernardo
Bruunschweiler y Juan Smid Vitterlí, la Compañía mercantil “Bruunschweiler y
Bofill” que procedía de “Smid Bruunschweiler y Compañía” dedicadas ambas a la
venta al por mayor y menor de bordados. Su duración inicial debía ser de tres
años. Entre sus dos socios aportaron 20.300 pesetas. Evaristo aportó 50.000
pesetas. Al año siguiente, en 1885, se fue a la quiebra (56 y 56b). En la
disolución ante notario, Evaristo fue nombrado liquidador total, pero su socio
Bruunschweiler, se dedicó a hacer operaciones y recogida de capitales, aún después
de disuelta la empresa.
Evaristo se vio obligado en 1892 a vender su patrimonio
personal (colección de armas de Sudán) para subsistir (57). No parecía pues,
funcionarle muy bien los negocios, ni estar a la altura de las expectativas de
sus padres, como hijo mayor que era. Pero sí nos ha llegado el muy dudoso relato
de que tenía un vicio: el juego.
Adela Bonay
Carbó. Nacida el día 15 de julio de 1857 a las dos de la mañana, en la calle de
La Paja nº 15-1º-2ª y bautizada en la parroquia del Pino el día 20 del mismo
mes, con los nombres de Adela Enrica y Carmen. Pertenecía también a una
familia burguesa, muy numerosa y acomodada, de amplia trayectoria política. Era
el octavo de nueve descendientes (última hembra) de Antonia Carbó i Fontdecaba
y de Antonio Bonay i Torner. Por orden de nacimiento, los Bonay fueron:
Federico Antonio, nacido en 1839, José Antonio en 1841, Filomena en 1843,
Javiera en 1845, Joaquín en 1847, Antonio Francisco en 1850 y fallecido con dos
años, Asunción nacida en 1854 y también fallecida de niña, la propia Adela y
Alfonso, nacido el primero de enero de 1859. Antonia Carbó i Fontdecaba era
natural de Barcelona, pertenecía a una acaudalada familia, propietaria de
industrias textiles; hija a su vez de Antonio Carbó y de Rosa Fontdecaba. El
padre de Adela, Antonio Bonay Torner, era natural de Folgarolas. Pudiente industrial
importador y almacenista de madera. Hijo a su vez de José Bonay, de San Julián
de Vilatorta, y de María Torner, de Folgarolas.
Antonio Bonay i Torner fue elegido concejal
del Ayuntamiento de Barcelona tres veces, en 1871 en 1877 y en 1881. Todas por el Partido Liberal
(57b). La última junto a Jacinto Bofill. Federico Bonay, hermano mayor de Adela,
también fue concejal del Ayuntamiento de Barcelona dos veces, solapando su
gobierno con el de su padre y el de Bofill. Federico Bonay fue vicecónsul de Brasil
desde 1875 y nombrado en 1892 Comendador de la Real Orden de Carlos III (58). Era
propietario de una importante empresa de géneros de punto, con la que ganó un
premio en la Exposición Universal de París de 1900. El segundo hermano de
Adela, José Antonio (aunque siempre firma como José y todos le llaman José) fue
un rico industrial maderero del Ensanche, que heredó el negocio de su padre,
quedándose también a vivir en su casa de la calle Cortes 372-1º (59) (en 1896,
en ese bloque de casas, aparece como responsable del alquiler de una de ellas,
Agustín Farriols Anglada, el íntimo amigo de José Heras. El piso lo había
heredado su esposa Dolores Centena Bonay de su abuela Antonia Carbó. Su hermana
Josefa Centena y el tío Alfonso Bonay, heredaron otro piso cada uno) (60) (60b).
En la renumeración de calles que hubo en el año 1900, el número 372 de la calle
Cortes pasó a ser el número 700, donde hoy día se encuentra el hotel “Casa
Bonay” de cuatro estrellas, que debe su nombre a Antonio Bonay i Torner, quién
mandó construir el edificio. La tercera hermana, Filomena, se casó cuando tenía
diecisiete años con el Dr. Mariano Centena i Valls, un reputadísimo cirujano
barcelonés que tenía treinta y un años (61). La cuarta, Javiera, casó también con
dieciséis años, con Ramón Brú i Lassús, nacido en Santiago de Cuba; francmasón
representante de los Grandes Orientes de América, que tenía once años más que
ella (62). Muy activo en las logias cubanas y mejicanas en la década de 1870,
hasta que hubo sospechas de intereses políticos y de lucro personal y fue
destituido en 1875. Cuñado de Antonio López i López, I Marqués de Comillas con
Grandeza de España. Por lo que manifiesta en su testamento Antonio Bonay en
1881, Ramón Brú abandonó a su mujer “de forma incalificable” y se volvió a
Cuba, donde consiguió un empleo en las oficinas de Hacienda, muriendo en la
Habana en mayo de 1888, cuatro años antes que su mujer. Antonio Bonay explica
que su hija Javiera se encontraba en un “triste estado”, por lo que la deja una
pensión de cinco pesetas diarias, prohibiéndola terminantemente que disponga de
sus bienes en favor de su marido Ramón Brú, y obliga a su esposa, Antonia Carbó, a mantenerla en
casa.
El quinto hermano, Joaquín Bonay Carbó, marchó siendo joven a Argentina. En septiembre
de 1869, cuando tenía sólo 23 años, ya aparece como comerciante en un censo del
distrito federal de Buenos Aires. Se estableció en el Partido de Magdalena.
Ciudad a 100 kilómetros al S.E. de Buenos Aires. Allí se casó en mayo de 1872, con
María Estefanía Ordoizgoiti, cinco años menor que él, natural de Vera de
Bidasoa en Navarra (sin segundo apellido por ser hija natural, de padre
desconocido). Tuvieron ocho hijos en total. En marzo del año 1873 tuvo una hija
llamada Antonia, y en agosto del año 1874 tuvieron un hijo llamado Francisco. Tres
años más tarde, en octubre de 1877, Francisco murió. En su partida de defunción
consta que se trataba de una niña. Está claro que uno de los dos curas, no se
enteraba de lo que tenía entre manos, aun cobrando 50 pesos por entierro o por
bautizo. En mayo de 1876, tuvieron un hijo llamado Pedro. En octubre de 1878,
se habían trasladado a Cañuelas, ciudad al sur del Gran Buenos Aires, ya casi
absorbida por la capital. Ese año tuvieron un hijo llamado Juan Antonio, y en noviembre
de 1881 una hija que se llamó Antonina Adela Elena. En 1885 les nació Evaristo.
Al año siguiente, viviendo ya en el Gran Buenos Aires, en el partido de San
José de Flores, les nació María Antonia Matilde y en 1890, tuvieron al último:
a éste le pusieron los nombres Federico Ramón Javier. Los padrinos por poderes,
fueron el compañero sentimental de su hermana Adela: Federico Heras Sagristá y Javiera
Bonay, la hermana del padre. En su lugar firmaron su yerno Luis de Vely Castell y
Antonia la hija mayor del Bonay. Ninguno de sus hijos tuvo de padrino a
Evaristo Bofill i Pichot. Ni siquiera al que pusieron por nombre Evaristo, cuya madrina
fue Adela Bonay, pero de padrino eligieron a un amigo español. Para
más redundancia, el matrimonio Luis de Vely y Antonia Bonay, le dieron un nieto
a Joaquín Bonay, el hermano de Adela. Nació en 1893 en Paso Molino, un barrio
de Montevideo, le pusieron por nombre Luis Segundo Federico y el padrino fue
también Federico Heras. Joaquín Bonay venía a
Barcelona de cuando en cuando, para solucionar asuntos familiares. En 1887
estuvo en Barcelona, y aprovechó para otorgar testamento ante el notario Gomis
Miret, ese año sus hijos Pedro y Antonina ya habían fallecido, y a primeros de
1893, también vino para arreglar los temas hereditarios por la muerte de su
madre la Nochebuena anterior, y para solicitar una indemnización al
Ayuntamiento por un trozo de terreno de la calle Bailén. Regresó en marzo,
apareciendo como pasajero del buque “Vittoria”, que llegó al puerto de Buenos
Aires el día 2 de abril (63). El Vittoria era un barco transatlántico, que fue
botado y bautizado en 1883 por la “Compañía Transatlántica Mexicana”, con el
nombre de “Tamaulipas”. En 1887 fue rebautizado con su nombre definitivo por
“La Veloce Navigacione Italiana a Vapore”. De bandera italiana, hacía la ruta
Génova-Barcelona-Las Palmas-Montevideo-La Plata-Buenos Aires. El hermano más
pequeño de Adela, Alfonso Bonay Carbó, nació en Barcelona el primero de enero de 1859
y bautizado en la parroquia del Pino, con los nombres de Alfonso Ramón
Manuel, hizo la carrera de medicina y ejerció de bibliófilo, arqueólogo y comerciante
de antigüedades (64). El Instituto de Estudios Catalanes, creó un premio
científico con su nombre, que se estuvo otorgando hasta el año 1982. Por lo que
se ve, don Antonio Bonay y doña Antonia Carbó, colocaron muy bien a sus hijos
varones, dándoles formación o carrera y a las hijas las casaron con señores de
apellido social, intelectual o políticamente notorio... excepto a Adela.
FIN DE LA PRIMERA PARTE. CONTINÚA EN LA 👉 2ª PARTE