Cuentan
los relatos familiares, que José Heras Roldós y Antonio Bonay Torner eran
vecinos (está comprobado que así fue: en el distrito de La Audiencia). Sus hijos
Federico Heras y Adela Bonay, se llevaban cuatro años de diferencia. Cuando ambos eran
jóvenes, se conocieron y se enamoraron. Tanto que pretendieron casarse y así se
lo expusieron a los padres de ella. La negativa del Sr. Bonay fue rotunda y las
ilusiones de los jóvenes se vieron frustradas. El padre de Adela, que no había
encontrado mejor partido para ella, tenía la boda de su hija planificada con el
hijo de un concejal de su mismo partido político. El concejal Bonay y el
concejal Bofill creían que, con la ayuda de ambos, Evaristo Bofill Pichot tenía
asegurado un puesto político en el Partido Liberal, y por lo tanto en el Ayuntamiento.
De esta forma todo quedaba en casa. El viejo concejal Bofill i Bassas no iba a
permitir que su rico colega Bonay, faltara a su acuerdo, porque ya daba por
colocado a su hijo mayor Evaristo: “Quid pro quo”. Favores políticos a cambio
de favores familiares. Hay que tener en cuenta que, así como el Sr. Bonay tenía
a toda su prole bien colocada, el Sr. Bofill, sólo estaba haciendo carrera notoria
de uno: de José María. Porque su hija Asunción Bofill Pichot se casó con un poeta, que sin
que eso fuera una deshonra, sí era algo modesto para sus aspiraciones. A
Matilde Bofill Pichot consiguió casarla con Emilio Pichot i Selva, el hermano de su mujer. O
sea, tío de ella. Acababa de llegar de Buenos Aires, donde regresaron juntos
durante un tiempo después de casarse, antes de volver a establecerse definitivamente
en Barcelona. Él tenía veinte años más que ella. Tuvieron seis hijos; pero una
vez casada, ella fue protagonista de una preciosa historia de amor, con un
antiguo novio, que acabó en suicidio, por parte del novio.
El otro hijo, Jacinto Bofill Pichot, casó con Bernardina Prat i Millé, un matrimonio sin nada especial que destacar, con dos hijos. Y la otra hija, Elisa Bofill Pichot, se quedó soltera. Vivía con su hermana Asunción y se hizo cantante de ópera. Por eso y porque en ese momento, económicamente, el concejal Bofill i Bassas estaba varios escalones por debajo del Sr. Bonay, es por lo que el concejal Bofill deseaba colocar a su hijo mayor Evaristo. A todas estas circunstancias, había que añadir la fama de crápula, mujeriego y vividor que tenía en todo Barcelona, el joven y guapo Federico Heras Sagristá. El Sr. Bonay tenía claro que Adela, su ojito derecho, no se iba a casar con Federico, por más que esta se empeñara y discutiera con él. Hay que tener presente que Adela era una mujer de carácter, a la que no le gustaba que dieran órdenes. Como todas las Bonay: bajitas y con mucho carácter. Ahí va la perla que le dedica uno de sus descendientes a Josefa Centena Bonay, sobrina de Adela: “Tenía mucha personalidad y carácter, pese a su pequeña alzada, sólo 1,50 metros, era la que, como se dice popularmente: llevaba los pantalones de la casa. Ella siempre decía que en el bote pequeño, está la buena confitura” (65). Todas estas discusiones y peleas con su padre, debieron provocar el compromiso de boda con el hijo de su colega Bofill, de carácter completamente opuesto al de Adela. Evaristo era más bien apocado. De personalidad débil y totalmente influenciable por sus padres. Se casaron en la parroquia de Santa Mª del Mar, la primavera de 1881, inscribiendo su matrimonio en el Registro Civil del Ayuntamiento, el día 9 de abril del mismo año (cuatro años más tarde que Federico Heras). Evaristo y Adela escrituraron unas capitulaciones matrimoniales leoninas, que aseguraban al padre de Adela, que su yerno no se iba a aprovechar de las condiciones económicas de su hija (65c). No se imaginaba el viejo Bonay, que quien arruinaría a su hija, no iba a ser el marido (T.A.B.C.). El matrimonio de Evaristo y Adela, fue un matrimonio de conveniencia, que no tuvo buenos principios. Adela siguió locamente enamorada del truhan y seductor Federico. Este, al ver la imposibilidad de conseguir a Adela, encontró otra joven soltera, de buena familia a la que podría exprimir. Se casó con Francisca Farriols i Anglada, nacida en Barcelona en febrero de 1858. El matrimonio tuvo lugar el día 1 de abril de 1877, en la parroquia de Belén, inscribiéndolo en el juzgado del Pino. Se fueron a vivir a la calle del Carmen nº 3-7º piso. Escrituraron capitulaciones matrimoniales, en las que José Heras le traspasa a su hijo una mercería en los bajos del nº 3 de la calle del Carmen, valorada en veinticinco mil pesetas (65d), que cuatro años más tarde, en agosto de 1881, Federico le devuelve a su padre, porque desde que la cogió, no ha conseguido hacerla progresar, por lo que se ha visto en la obligación firmar varios préstamos “de cantidades importantes de peso” además de las veinticinco mil pesetas que le han facilitado su padre y su suegro, obligándose su padre a pagar todas sus deudas (65e). El padre de Francisca le regala a su hija dos mil duros y dos cómodas con ropa valoradas en mil duros, para que aporte a la dote. Ella era una persona excepcionalmente bondadosa y caritativa. Cuatro años más joven que Federico y muy apreciada por José Heras. José la tuvo siempre como hija propia. Francisca era hija de Agustín Farriols i Franqués, comerciante intermediario, con su segunda esposa Josefa Anglada i Cercavins. Económicamente bien posicionados y más tarde emparentados con los Bonnemaison, importante y respetada familia de comerciantes barceloneses, de origen francés, que se movían con cierta comodidad en círculos intelectuales y políticos. A los tres años de casarse, en agosto de 1880, Federico y Francisca tuvieron una hija, que nació muerta por falta de desarrollo (65f).
Una vez casados, Evaristo Bofill y Adela Bonay se fueron a
vivir al número 70-1º de la calle Bailén. Bloque propiedad de su padre Antonio
y que, pocos meses más tarde, heredaría Adela en proindiviso con su hermano
Joaquín. Para entonces, Federico Heras Sagristá y su esposa Dª. Francisca
Farriols, se habían trasladado al Ensanche. Vivían en la calle Aragón 344.
Bloque propiedad de José Heras. El padre de Adela murió a los dos meses de
casarse ella, y su madre nunca pudo manejarla. Se podía prever que, con el
temperamento de ella, el carácter de Evaristo y la condición de Federico, la
cosa iba a transcurrir por los cauces que transcurrió. Supongo que después de
casarse Adela, la primera vez que se encontró por la calle con Federico,
mantuvieron una conversación muy cordial y respetuosa, como la que pueden
mantener dos personas casadas y civilizadas, pero debieron de quedar en verse una
próxima vez. No sé exactamente los detalles de la creciente espiral de intimidad
y complicidad que se creó entre los dos, ni el papel que Evaristo Bofill, el
marido de ella, desempeñó al comienzo; pero lo que en principio era un matrimonio
a dos, al poco tiempo se había convertido en un matrimonio a tres. Federico
llevaba cuatro años casado, no tenía hijos y ya se había gastado todos los
préstamos que había pedido sobre su mercería, además de la dote de Francisca. Según
cuentan los relatos familiares, Federico entró en casa del matrimonio Bofill-Bonay como “amigo de la familia”, sin que se sepa la fecha exacta,
aunque hay una importante referencia que indica, que el comportamiento moral de
Adela, ya estaba dando que hablar en Barcelona en el año 1882, sólo un año
después de casarse. Dicha referencia es la siguiente:
El famoso pintor catalán, Ramón Martí Alsina
(105) después de “una borrasca de amor, de celos, de pasión, de violencias, de
sospechas y de locuras y tal vez por deseos de venganza o por desahogo” (sic)
escribe en sus memorias una extensísima carta, en la que narra sus relaciones
con una señora llamada Dolores Oliva, de una familia recién llegada de
Tarragona. En el año 1882 dice que la conoció hizo quince años, y que la
contrató como modelo. Alsina pintó y dibujó a esta señora en toda clase de
posturas obscenas que, si en el siglo XXI son consideradas pornografía, no
quiero saber cómo eran consideradas el siglo XIX; aunque dice que esos cuadros
sólo los enseñaba y vendía en su taller. Después de varias negativas del pintor
a casarse con ella, Dolores y Alsina rompen el día 15 de agosto y ella decide
casarse con su pretendiente D. José Bonay Carbó (el hermano de Adela) viudo en
primeras nupcias de Dolores Prunera, desde hacía cuatro meses. D. José Bonay dijo que "poco le importaba cuanto de malo Alsina podía haberle dicho, que no fuera propio de un matrimonio honrado". La boda se
celebró el día 11 de noviembre de 1882. En sus memorias R. M. Alsina, no deja
en muy buen lugar a su modelo y amante Dolores Oliva Seguí. Entre otras cosas,
piensa que ella tiene relaciones carnales con un tal Font, a quien dice que no
hace más que venderle cuadros, y a quien nombra treinta o cuarenta veces. Se trata
sin duda de Juan Bautista Font Sangrá, uno de los mayores coleccionistas de R.
M. Alsina (106b), que en 1883 se casaría con María Oliva Seguí, la hermana de
Dolores (106c). Alsina piensa que Dolores le está engañando también con un tal
Canadell, con un tal López, quincallero de la Plaza Real, y hasta nombra por
dos veces al maquinista del tren que la lleva a París. Alsina deja claro, que
ella intenta adjudicarle el posible embarazo de un niño, que no era de él,
porque las fechas no coincidían. Dice así mismo que, durante la estancia de él
en Paris, ella en Barcelona ha vendido muchos cuadros al tal Font, a quien
también llama cuñado, porque era el novio de María, la hermana pequeña de
Dolores, a la que ya había dejado embarazada tres veces y había obligado a
abortar. Martí Alsina dice textualmente: “Fue tal el saqueo de cuadros por una
miseria de dinero, que da horror pensarlo”. Muchos más cuadros de los que le
había permitido vender para mantenerse y mantener a su familia. Molesto con don
José Bonay Carbó, por haberle quitado la novia, dice de él, que (textual): “ES
MIEMBRO DE UNA FAMILIA NUMEROSA DONDE PUEDE HABERSE MUCHOS VENTILADORES DE
CONDUCTAS, SI QUIERA DE MALAS APARIENCIAS”. Que se sepa, ningún otro Bonay
estuvo dando que hablar en Barcelona por su conducta inmoral. Pudiera haber
sido motivo de murmuraciones el abandono de Javiera por su marido Ramón Brú, o
la soltería del pequeño Alfonso, pero lo más escandaloso, podemos suponer que
se trataba del comportamiento de Adela con su amante Federico, delante del
marido Evaristo Bofill, que ya en 1882 eran el foco de las miradas y
habladurías de la población barcelonesa.
Adela Bonay Carbó tuvo en total seis hijos. Dos durante la
convivencia con su marido y cuatro después de separada. El primero fue Antonio María,
nacido en mayo de 1882 y fallecido a mediados de junio de 1883 con trece meses, posiblemente en Centellas, Barcelona. La segunda, Caridad Bofill Bonay, nacida en
Centellas, el día 6 de julio de 1884. Entre esta fecha y mayo de 1885 en que
Adela queda encinta de la primera hija de Federico, fue cuando se produjo la
separación de Evaristo Bofill y el amancebamiento definitivo con Federico Heras,
aunque lo más posible es que se produjera un solape de convivencia con Evaristo,
por motivos económicos; no olvidemos que fue ese mismo año de 1885 en que quebró
la empresa de Evaristo. La primera hija de Federico fue Filomena, nacida en
Barcelona el 19 de febrero de 1886. Después vendrían Joaquina, el 26 de enero
del 1889 y fallecida el 18 de abril de 1891, con poco más de dos años. Adelita (de
la que existe una foto) nacida el 19 de marzo de 1890 y muerta de niña también,
fuera de Barcelona, ya que no consta en los registros ni su cadáver fue
enterrado junto a sus hermanos. El último fue Evaristo Bofill Bonay, que nació
el día 16 de agosto de 1894.
Acabo
de decir que cuando Federico y Adela empezaron a vivir juntos, ella tenía una
hija: Caridad. El relato que a mí llegó, decía que “Federico se había apiadado
de una pobre mujer con dos hijas, a quien su marido había abandonado, y que una
vez juntos, tuvieron a Evaristo”. Yo di por supuesto que se trataba de Caridad
y de Filomena, las hijas de Adela que llegaron a ser adultas. Hoy día, con la información pública
del Registro Civil, que nos señala cuantas veces parió Adela y las fechas,
unida a los testamentos de José Heras y de la propia Adela Bonay (65a) (65b) es
muy difícil mantener esa desfigurada historia, para encubrir los devaneos
amorosos y la conducta, inmoral para la época, de Adela Bonay Carbó y su amante
Federico Heras. En primer lugar, porque cuando Adela se amancebó con Federico,
no era una mujer pobre, sino que más bien pertenecía a una de las familias más
adineradas de Barcelona (Federico nunca se hubiera arrimado a una mujer pobre).
En segundo lugar, porque si su marido Evaristo Bofill abandonó el hogar
conyugal, fue por dignidad y porque sus padres le presionaron para ello. Y, en
tercer lugar, porque cuando Federico empezó a entrar en casa de Adela y
Evaristo, emprendiendo así su “amistad”, Caridad, la hija de Evaristo, todavía no había nacido. La
única discusión que cabe, es la de si cuando nació Filomena, primera hija de Federico,
Evaristo Bofill i Pichot había abandonado ya el domicilio de la calle Bailén, o
no lo había hecho todavía, por motivos económicos. Personalmente creo que para
entonces, hacía ya meses que sus padres le habían obligado, y ayudado económicamente, a terminar con esa situación y se había ido a vivir él solo, al número
12 de la calle del Carmen. Nunca se ha dudado, de que Caridad fuera hija de
Bofill; lo mismo que Antonio María, su primer hijo fallecido y de quien la
familia actual, no tenía idea de su existencia. Donde se manifestaba cierta
duda, era en la posibilidad de que Filomena fuera hija del Bofill.
Eso era antes de saber que Adela, entre los dudosos, tuvo otras dos hijas muertas
de niñas. Cuatro paternidades en duda, son muchas dudas. Comprobado que José
Heras Roldós, desheredó a su hijo Federico y nombró herederos del tercio de
mejora a “sus nietos” Filomena y Evaristo, no a Caridad (los tres hijos
vivientes de Adela Bonay) de ninguna manera, José Heras Roldós dejaría parte de
su patrimonio a una hija de Adela Bonay, que no llevara ni su sangre ni su
apellido. Como veremos más tarde en su testamento, José llama “nietos míos” a
Evaristo y a Filomena, aunque sin dar sus nombres por no llevar el apellido
Heras, para que no tuvieran problemas a la hora de heredar ese tercio, que sólo
se le puede entregar a los descendientes directos legítimos. Hay además, otro
dato muy significativo y elocuente: en marzo de 1915, en el camarín de la
Abadía de Montserrat, en la más estricta intimidad familiar y de luto riguroso,
por la reciente muerte de su madre, el Rvdo. Padre Provincial de los
Capuchinos, Fray Miguel de Esplugas, une en matrimonio a Filomena Bofill Bonay con
Antonio Biarnés Vila, dos años más joven que ella, natural de Ascó, Tarragona.
Quien entrega la novia en el altar, no es el Sr. Bofill, que gozaba de muy
buena salud, sino un amigo de los novios: el Sr. Naya, 7º barón de Alcalá (Adahuesca,
Huesca) (66). Es verdad que tampoco la lleva su padre Federico, pero a Federico
no le quedaban muchos meses de vida, como se puede apreciar en una foto de él
con sus dos hijos, en la que, escrito en el envés, se puede leer: “Evaristo,
Filomena y papá”, la tuberculosis le tenía prácticamente postrado en cama (66b).
Cuentan
también las crónicas, que alrededor del año 1920, Filomena y Caridad
encontraron a Evaristo Bofill i Pichot, mendigando por las calles de Barcelona.
Caridad le pidió a su hermano Evaristo que le acogiera en su casa, a lo que su hermano
accedió. Esto cuadra con el censo de la calle Argentona 18 de 1920 (126) en el
que están inscritos el matrimonio Bofill-Usac con su hija Adelina de once meses,
el matrimonio Biarnés-Bofill con el padre de Antonio Biarnés, Caridad Bofill y
su padre Evaristo Bofill Pichot, quien declara no tener profesión. Por lo tanto,
en la cadena de la crónica, hay eslabones que fallan, y todos ellos tienden a
encubrir o justificar el comportamiento de Adela Bonay. Hoy
día, el adulterio no es delito, ni la sociedad lo ve de la misma forma que hace
ciento cuarenta años, que sí era un delito castigado con prisión de dos a seis
años, en el supuesto de denuncia del marido. Denuncia que normalmente no se
interponía, por no darle más publicidad al hecho. Entonces, era algo que
marcaba de por vida a quien lo cometía, a la víctima y a sus descendientes. Es
muy lógico por tanto, que todos los familiares implicados intentaran ocultar o
disimular esos hechos. Pero Filomena y Evaristo, sabían muy bien quién era su
padre y ambos se encargaron de trasmitirlo a los descendientes de Evaristo Bofill Bonay.
Adela Bonay firmó cuatro testamentos: 1º) 13 junio 1884, 2º)
15 noviembre de 1888, 3º) 26 de noviembre 1888 y 4º) 21 de mayo 1894. En los
dos últimos, Adela Bonay deja muy claro el rencor que tiene hacia los padres de
su marido, a quienes aborrece por decir a Evaristo lo que tenía que hacer y,
posiblemente, ayudarle económicamente a hacerlo en un principio, acogiéndole en
casa después. En el penúltimo testamento nombra herederos de todos sus bienes y
derechos a sus hijos y, si estos le premueren, deja de heredero a su legítimo
marido, prohibiéndole que detraiga cantidad alguna de su herencia para después
de su muerte (quería evitar de todas las maneras posibles, que su dinero fuera
a parar a las manos de sus suegros) y así
mismo, para el caso de que su marido se fuera a vivir con sus padres (cosa que
hizo casi inmediatamente, según se ve en sucesivos censos) o ella falleciera
siendo sus hijos menores. Adela nombra tutores y administradores de sus bienes,
a sus hermanos Federico y José, y a don “Federico Heras i Sagristá” al que
nombra en los tres últimos testamentos. No parece lógico que, para el caso de
tu muerte, nombres tutor de tus hijos a un simple amigo, por más de la familia
que sea. En cuanto a la relación entre Adela y José Heras, no he encontrado
nada escrito que los relacione. Ni para bien ni para mal. Nada. Y esa era, en
mi opinión, la relación que existía entre ambos. José tomó parte a favor de su
nuera Francisca Farriols, pero continuó tratando con su hijo hasta agosto de 1896.
Diez años antes, en 1887, Federico y su socio Luis Planagumá fundaron una
Sociedad “F. Heras y L. Planagumá” que se dedicaría a la compra y venta de
cintas y novedades de mercería. El capital social de la empresa era 37.430
pesetas, aportado únicamente por Federico en géneros y efectos, que devengaría
unos intereses anuales del seis por ciento. La duración prevista de esa
sociedad era de cinco años, o sea, hasta 1892. No se sabe cuánto duró la
empresa, pero en julio de 1893, desde Madrid, se adjudicó provisionalmente, un
proyecto a Federico Heras, en la subasta de obras de construcción del segundo
piso y de la cubierta del Palacio de Justicia, por la cantidad de 884.000
pesetas (17). No sé si porque montó una empresa de obras públicas como la de su
padre, o porque José Heras presentó el proyecto a nombre de su hijo. Esta es la
única obra pública adjudicada a Federico que aparece en prensa y, teniendo presente
su situación económica cinco años después, más bien tiendo a creer lo segundo
ya que, aunque en su certificado de defunción dice que se dedicaba al comercio,
en la adjudicación de la herencia de su padre José, Federico consta como “sin profesión”.
Lo cual significaría que en 1893, José y su hijo Federico, todavía se trataban.
En agosto de 1896 (tres años más tarde y diecinueve antes de
morir) fue cuando José cambió su primer testamento hecho dos años antes. Utilizó
el tercio de herencia legítima de Federico, para pagar todas sus deudas hasta
esa fecha, evitando así denuncias que le podían llevar a prisión, y le dijo que
se olvidara de él, por el resto de su vida. De hecho, dos años después, el año 1898
Francisco Quer le llevó a juicio por una deuda nueva, y su padre José ya no le
ayudó. Dejó de ayudarle económicamente en sus desmanes y le desheredó de los
otros dos tercios. José dejó dicho a su nuera Francisca Farriols, heredera del
panteón familiar Heras, que ella mandara enterrar su propio cuerpo en ese
panteón, pero que cuando muriera su hijo Federico, les dijera a Filomena y
Evaristo Bofill Bonay, que lo enterraran donde ellos quisieran; pero no quería
que los restos de su hijo descansaran en el panteón familiar de la familia HERAS de
Montjuïc. Lo enterraron en el nicho del cementerio de San Gervasio, junto a Adela
Bonay y a Joaquina, la hija de ambos. Con estos datos, es fácil suponer lo que
sentían entre sí, José Heras su hijo Federico y Adela Bonay.
Evaristo Bofill i Pichot y Adela se habían visto obligados a
comprar el nicho de San Gervasio, en junio de 1883, para enterrar a su primer
hijo Antonio María que, como ya he comentado, debió de fallecer en Centellas,
pero Adela quiso llevar su cadáver a Barcelona, para tenerlo más cerca. Ocho
años después enterraron a Joaquina Bofill Bonay, la cuarta hija de Adela y
segunda de Federico, que había falleció en abril de 1891. Adelita Bofill Bonay,
la quinta hija de Adela y tercera de Federico, nació en Barcelona en marzo de
1890. La niña murió en Folgarolas, y allí fue inhumada. Evaristo Bofill Bonay,
el sexto y último hijo de Adela, cuarto de Federico, vivió hasta los 83 años y
tuvo doce hijos. Fue el único nieto de José Heras que pudo transmitir su línea
de sangre, y lo hizo de forma muy prolífica.
Evaristo
Bofill i Pichot, que ya no tenía nada que ver con Adela Bonay, desde hacía
mucho tiempo, aunque su separación fue siempre muy amistosa, vendió el nicho de
San Gervasio en 1903, al hermano de Adela (José Bonay Carbó) el rico empresario
maderero que, por supuesto, ya disponía de panteón familiar en el cementerio de
Montjuïc, donde tenía enterrados a sus padres, donde enterró a su segunda
esposa, Dolores Oliva y donde él mismo fue enterrado en septiembre de 1924 (59).
José Bonay no necesitaba un nicho en San Gervasio para nada, pero supuso una
ayuda económica para su sufrido cuñado Evaristo Bofill i Pichot. De esta forma
su hermana Adela, podía seguir disponiendo del nicho donde estaban sus hijos.
Oficialmente fue una “cesión”. Mientras José fue propietario del nicho, sólo
enterró a José Vila Rosell en 1908, del que más tarde hablaré.
En
1938 falleció la hija mayor de Adela Bonay, Caridad Bofill. Cuentan los relatos
familiares que, los tres hermanos Bofill Bonay, junto a Teresa Mercadé, la
segunda esposa de Evaristo y todos sus hijos, pasaron los años de
la Guerra Civil en Coín (Málaga) y en la ciudad de Málaga (datos dudosos, aunque en una página de genealogía también aparezca esa referencia, sin aportar datos. Diez días antes de comenzar la guerra, en matrimonio Bofill-Mercadé tuvo un hijo en Ibiza y en septiembre del 1937, Evaristo pidió un salvoconducto para viajar de Ibiza a Palma de Mallorca). Una
vez realizada la búsqueda de su inscripción de defunción, en el Registro Civil
de Coín, el resultado y por lo tanto el certificado obtenido, es negativo. Esto
nos hace concluir, que Caridad Bofill Bonay falleció y fue enterrada en la
ciudad de Málaga. Caridad Bofill Bonay estaba casada con José Malagrava i Got.
Se casaron en Barcelona e inscribieron su matrimonio el día seis de abril de
1905, en el juzgado del antiguo distrito de La Concepción. Su matrimonio duró
muy poco. El tal Malagrava la abandonó al poco de casarse, y se fue con su padre
Jaime Malagrava Domenjó y su hermano Jaime, a Palma de Mallorca, donde montaron
una empresa de fabricación y reparación de herramientas (126). Desde entonces,
Caridad estuvo viviendo con su madre, hasta que esta murió en 1913, después con
su hermana Filomena en Ascó, y más tarde con sus dos hermanos de madre hasta
que falleció en Málaga durante la guerra (probablemente antes). En la familia
siempre se dijo que había permanecido soltera, por la vergüenza social que en
la época suponía que un hombre abandonara a su esposa, lo que llevó a malas interpretaciones
por parte de alguno de los componentes de la familia actual.
Después de la niña Joaquina, en el nicho de San Gervasio fue
enterrada la misma Adela Bonay Carbó en 1913. Tres años después, en diciembre
de 1916 se inhumó a Federico Heras. Después de enterrar a Federico, José Bonay
que era el propietario del nicho, le dijo a su sobrina Filomena, la hija mayor de
Federico, que se hiciera cargo de los gastos de la propiedad funeraria, lo que ocurrió
en noviembre de 1917 (49). Más tarde, en 1922, enterraron a Joaquina Usac Mutós,
primera esposa de Evaristo Bofill Bonay, después, en 1933, al niño de nueve
meses, Alberto Bofill Mercadé, hijo del anterior con su segunda esposa. Veintinueve
años después, en 1962, recibió los restos de Filomena Bofill Bonay, y los derechos de la sepultura pasaron a su hijo adoptivo Santiago Bofill Usac. Su hijo falleció en Ibiza dos años más tarde y el nicho
fue declarado en abandono con los derechos revertidos al Ayuntamiento, el día 25
de septiembre de 1987, según la ordenanza de Cementerios de Barcelona, por no
haber sido utilizado ni haber pagado la tasa de conservación, en los últimos
veinte años. El anuncio se publicó en la Vanguardia el día 9 de octubre del
mismo año. Los despojos humanos que contenía, fueron trasladados al osario
común en enero de 1990 y desde entonces, no ha recibido más cadáveres (49 b).
FIN DE LA SEGUNDA PARTE. CONTINÚA EN LA 👉 3ª PARTE


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