No quiero terminar esta semblanza de José Heras Roldós, sin
hacer un pequeño comentario sobre dos personas coetáneas suyas, y también mías por haberse solapado en el tiempo, y que José pudo haber conocido igual que yo, aunque no tengo constancia de ello: Evaristo Bofill Bonay.
Mi abuelo, “el Pape”, era una fuente de sabiduría y un derroche de amor hacia
sus hijos y nietos, aunque siempre fue un Bonay. Si tuviera que compararlo con una
fruta, yo diría: “una naranja”. Debajo de la piel amarga está lo bueno, pero
hay que saber pelarla. Me dio muchísimos consejos. En los que seguí, me fue
siempre bien. Es algo que le debo. La otra persona es su hermana Filomena
Bofill Bonay, “la Titamena”. Mi abuela adoptiva. Una Bonay de raza y de cuerpo
entero. Nunca le perdoné que siempre se olvidara de traer el monito, que había
comprado para nosotros, en el zoo de Barcelona. Aquellos niños de entonces,
habíamos visto la película de Tarzán, y nos habíamos quedado prendados de la
mona Chita. La Titamena, que vivía en Barcelona y venía a Ibiza muy a menudo, a
ver a toda la familia, pero en especial a sus hijos adoptivos Adela y Santiago Bofill Usac,
supo cómo hacer que los niños esperásemos su vuelta con ilusión. Nada más marcharse,
contábamos los días que faltaban para que regresara con el monito. Y cuando
volvía… otra vez se lo había dejado olvidado en el balcón. Con nosotros era dulce
y tierna, como el algodón de azúcar.

Yo sé que llevo sangre Heras y el segundo
apellido de mi filiación es Bofill. Creo que de ambas cosas debemos sentirnos
orgullosos todos; porque lo que he descubierto en este trabajo, que me ha obligado a
meditar mucho, es que no puedes renunciar a la Historia, a tu sangre ni a tus
ancestros. Exactamente igual de orgullosos, que debemos sentirnos de uno de nuestros trastatarabuelos que ejerció el oficio de "ropavejero" en Lérida, a mediados del siglo XIX. O sea, que vivía de recoger trapos viejos y ropas usadas por las calles y vertederos de basura, para venderlos de segunda mano, y no creo que llegara a oír hablar de Ramón y Cajal ni de los Pichot, ni creo tampoco que le preocurara mucho la existencia del uno ni de los otros. O de mis bisabuelos de la otra parte de mi sangre (fuera de Cataluña, también hay vida): "los Lourenço", a quienes el hambre obligó a salir de Mondrões, una pequeña aldea al norte de Portugal, para embarcarse en verano de 1890, hacia las fazendas de cafetales en São Paulo (Brasil), para ocupar los puestos que los esclavos negros (libertos dos años antes) no querían seguir ocupando; trabajando de sol a sol por un impúdico y raquítico salario, siendo tratados por el gobierno paulista y por los propios fazendeiros, igual que se trataba a los africanos antes de que la Ley Áurea aboliera la esclavitud. O, no mucho más lejos en el tiempo, mi propio padre, que en el primer tercio del siglo pasado, tuvo que cuidar cerdos durante años, para poder salir de esa esclavitud brasileña y venirse a España (tema que nunca eludió, ni del que se avergonzó al preguntarle). Gracias a todos ellos, hoy estoy aquí escribiendo estas líneas dedicándoles mis recuerdos, y agradeciéndoles su sacrificio. En el caso que nos ocupa, el trío Heras-Bonay-Bofill, no creo que haya nada que ocultar, ni nada de qué avergonzarse. Todo lo que se observa, son
reacciones humanas. Más o menos primarias. Más o menos controladas o meditadas.
Más o menos aceptadas por la colectividad, pero humanas todas ellas. Yo no soy quién para juzgar los actos de un
antepasado, aunque fueran socialmente rechazables en su momento. Sobre todo,
cuando me he beneficiado de sus méritos y exijo no pagar sus culpas. Por todo lo aquí expuesto concluyo: que el Sr. Bofill i Pichot me dio su apellido, Federico Heras
fue mi bisabuelo, Adela Bonay mi bisabuela, José Heras mi tatarabuelo y
Agustina Sagristá mi tatarabuela, punto.
CONCLUSIONES
Llegados estos momentos finales del ensayo,
voy a contar cuatro anécdotas curiosas que, si bien no están exactamente
centradas en el tema que estamos tratando, sí lo tocan tangencialmente:
En Folgarolas (Barcelona), que entonces tenía
sólo unos cientos de habitantes, vivía la familia de Jacinto Verdaguer i
Santaló. También de Folgarolas procedían los Bonay. Sabido es que la familia
Verdaguer era de condición muy humilde. Tanto que para ganarse unas pesetas, Josefa, la
madre de Mossén Cinto Verdaguer, hizo de ama de cría de Adela y de su hermana
Filomena Bonay Carbó. Eran por lo tanto hermanos de leche los tres. De ahí la
amistad que unió siempre a los Bonay con los Verdaguer. Por medio de Javiera
Bonay (hermana de las anteriores) Mossén Cinto entró en contacto y a
trabajar con D. Antonio López López, I Marqués de Comillas. Verdaguer y el
menor de los Bonay continuaron su amistad, hasta la muerte del poeta. A los
pies de mi cama, durante mi infancia, siempre hubo una foto de Mossén Cinto.
Para mí: “un cura desconocido”.
La otra curiosidad, es que los Roldós de
Vilassar de Mar, eran navieros que hacían negocios transportando carga y
pasajeros, entre la península, nuestras posesiones de África y las provincias de
América. Eran conocidos entre sus competidores y sus clientes por haberse
negado siempre, de forma rotunda a transportar esclavos. Una rama de los Carbó
(los Rovira, no los Fontdecaba) antepasados del famoso pintor Ramón Casas,
hicieron su gran fortuna en el siglo XIX en Cuba, utilizando esclavos en el
ingenio (hacienda) de Santa Catalina (Los Remedios) (104).
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La tercera anécdota es que el día 12 de septiembre
de 1906, en la iglesia de la Bonanova, se casa la señorita Dolores Bonay Oliva,
hija de José Bonay Carbó, el hermano de Adela, con su segunda esposa Dolores
Oliva Seguí, la que fue modelo y amante del pintor R. M. Alsina. ¿Quién entrega
la novia en el altar? Pues quien entrega la novia es ni más ni menos que Juan
Font i Mariages. No fue José Bonay a quien le quedaban dieciocho años de vida
por delante. Y ahí dejo la anécdota apuntada, porque no me afecta ni me
interesa indagar (109).
La
cuarta y última anécdota es que, pasados muchos años de toda esta historia (a
finales de los cuarenta del siglo XX) una jovencita de 17 años llamada
Montserrat Malagarriga i Miralbell, descendiente de Filomena Bonay Carbó y de
su hija Josefa, empezó a salir con un tal Eugeni Bofill i Bofill. Cuando la
joven le presentó su novio a la abuela Josefa Centena Bonay, esta dio un brinco
diciendo: “Los Bonay y los Bofill ya fuimos parientes. Mi tía Adela y Evaristo
Bofill Pichot, estuvieron casados”. Y Josefa Centena Bonay fue la que rememoró
la historia narrada en este ensayo a los dos jóvenes, que la trasmitieron a las
generaciones actuales de Bofill y Bonay en Barcelona, aunque el apellido Bonay
de esta rama de Folgarolas desapareció, sólo puede quedar alguno en Argentina en Uruguay o en Paraguay,
de los cuatro descendientes varones de Joaquín. El segundo intento de unión de
un Bofill con una Bonay, parece que funcionó: Montserrat y Eugeni se casaron en mayo de 1953 y
tuvieron cinco hijos (102) (103), ambos cónyuges fallecieron en 2017, con cinco meses y medio de diferencia.
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Él fue uno de los autores de “Els Bofill de Viladrau”
y al ser conocedor de esta historia, no quiso incluir ningún descendiente al
matrimonio de Evaristo Bofill i Pichot con Adela Bonay. Por eso, me parece
humillante, patético y falto de toda dignidad, andar suplicando a los
descendientes de aquellos que repudiaron a Adela Bonay y a todos sus hijos, que
ahora te acojan, por favor, en su seno; que olviden el agravio inferido a uno de
los suyos, y que te permitan pertenecer a su afamada y egregia familia. Y como prueba de vasallaje, comprarse una casa del edificio Bofill en la calle Bofill de Viladrau. Me
parece vergonzante, sobre todo porque ellos sí conocen a la perfección, y
probablemente con más datos y pruebas que yo, quién fue quién, y quién es hijo de quién.
El tiempo ha pasado, y las generaciones se han ido sucediendo. Ciertamente: nosotros, no somos los mismos de entonces, y no es bueno para el alma, mantener un enfrentamiento permanente, por los siglos de los siglos. Siempre ha de llegar un momento para el perdón, y pasar a la página siguiente de la Historia mirando hacia delante. Creo que para las últimas generaciones descendientes de Viladrau, ese momento llegó hace muchos lustros. Pero las últimas de los Heras-Bonay han confundido el perdón y la comprensión de la otra parte, con el mestizaje y la mezcolanza, para hacer un "totum revolutum" y salir beneficiados de su apellido comprado.
Cualquier lector avezado, podrá observar que
toda esta historia gira alrededor de los relatos transmitidos de padres a
hijos. Leyendas basadas en hechos reales. Los relatos, precisamente por ser
verbales, no tienen base documental, aunque sean creíbles y fiables. Más en
este caso, por tratarse de la procedencia que se trata. Ahora, a medida que
pasa el tiempo, salen más documentos que los avalan. Con los que ya han
aparecido, es muy difícil demostrar que los relatos son falsos, o son una
invención de Evaristo Bofill Bonay y de su hermana Filomena. Puede que tengan
algún error, alteración de datos o confusión de personajes, por el paso de un
eslabón a otro; pero en lo básico y estructural, son historias auténticas e innegables. Aun
así, en el muy remoto caso, de que alguien pudiera llegar a probar que dichos
relatos no fueran ciertos, eso nos conduciría a la espiral del absurdo, al
preguntarnos el porqué de su invención, por parte de Evaristo Bofill Bonay, de
su hermana y de su esposa Teresa Mercadé Turdiu. Absurda también sería la
transmisión de padres a hijos, con total secretismo, enigma e incluso
ocultamiento de datos que en sus inicios, hace casi siglo y medio, es comprensible que se hiciera, pero
que de mantenerlo actualmente, podría llevar a errores, conjeturas y malas
interpretaciones a generaciones futuras. Así mismo, resultaría muy difícil
explicar el porqué José Heras Roldós desheredó a su hijo, para dejar la mitad existente
de su fortuna a dos hermanos, hijos de un tal Evaristo Bofill i Pichot, a quien
sin duda conocía de vista, de pasear por las Ramblas, o de coincidir en misa,
pero de nada más. Las categorías social y económica de ambos, eran totalmente
diferentes. Aunque de la residencia de José a la que ocupó Evaristo durante
unos años, hubiera escasamente doscientos metros. El uno vivía en la zona humilde, bajando a la derecha de
Las Ramblas, y el otro en la parte más adinerada, bajando a la izquierda. La Historia es muy tozuda y muy difícil de
doblegar. Y al igual que el agua siempre tiende a volver a su cauce, la
Historia tiende a flotar y a manifestar su verdad.
La pregunta que alguien se puede hacer, es
si tengo localizados a los descendientes de los hermanos Heras, para hacernos
una prueba de ADN. Las respuestas son sí a la primera, y no a la segunda. Tengo
localizadas varias familias y personas descendientes de los hermanos de José,
que viven en Barcelona. Unos mantienen el apellido Heras, otros lo han perdido,
por existir alguna mujer en la línea de descendencia. Consultado un laboratorio
de análisis genéticos de ADN, para hacernos la prueba de parentesco, me han
respondido que, en quinta generación, sin ser individuos que estén en línea
directa, el resultado no es fiable en absoluto. De cualquier forma, los romanos
decían: “EVIDENTIA NON INDIGET APPROBATIONS”, “La evidencia no necesita ser
probada”. Que traducida al caso que nos ocupa, podemos decir que la evidencia
no necesita ADN.
Se puede acceder a las fechas de nacimiento,
boda, fallecimiento y profesión, de prácticamente la totalidad de los protagonistas
de esta historia, y de muchos de sus parientes; pero por cronología familiar, voy
a transcribir la de los más cercanos y significativos. Aunque alguno de ellos ya
lo he comentado, de esta forma, están agrupados y más localizables al final del
ensayo:
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Los padres de Adela Bonay: Antonio Bonay i
Torner, nació en 1815 y falleció con 66 años, a las ocho de la mañana del 3 de junio
de 1881. En principio, la prensa dijo que a consecuencia de una caída fortuita,
en las escaleras de su domicilio en la calle Cortes 372, pral. Más tarde, la
autopsia certificó, se le había “roto el
corazón”, que era la forma de llamarle al infarto. Su féretro era de caoba,
como no podía ser de otra forma, tratándose de un industrial maderero (111). El
coche fúnebre iba precedido por dos policías municipales a caballo. A continuación,
presidía el duelo el Alcalde Rius i Taulet. Seis ediles y tenientes de alcalde,
sujetaban sendas bandas negras que colgaban del ataúd, llevado en un carroza tirada
por cuatro caballos de manto también negro. Cerraba la comitiva la banda
municipal y otra sección de policías municipales, a pie y a caballo. Este
séquito se despidió al llegar al cementerio de Poblenou. Una tradicional pompa
decimonónica, dedicada a los entierros de los alcaldes y concejales, que Rius i
Taulet concedió a Antonio Bonay, aunque todavía no había tomado posesión de su
puesto, ganado en las elecciones de ese año. Menos mal que mi tatarabuelo
Antonio Bonay había dejado escrito en el testamento a sus albaceas, que “deseaba
que su entierro y funerales, se hiciera con la mayor sencillez y economía”. Su
esposa Antonia Carbó Fontdecaba, había nacido en Barcelona en 1815 (el mismo
año que su marido) y falleció a las tres de la mañana del 24 de diciembre de
1892, con 77 años, en el mismo domicilio, a consecuencia de una esteatosis
cardíaca (112). El padre de Federico Heras:
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José Heras Roldós, el protagonista
de este ensayo biográfico, nació en Barcelona en 1824 y falleció el 24 de junio
de 1915, en su domicilio de Puertaferrisa 11, pral. a las dos y media de la
tarde, a consecuencia de una asistolia, cuando tenía 90 años de edad (113). Al
día siguiente, su cuerpo fue enterrado en el panteón de su propiedad,
construido en 1890, en la calle San Oleguer nº 12 del cementerio de Montjuïc,
donde él mismo había realizado mejoras en noviembre de 1891, poniendo un
bajorrelieve que mandó hacer al escultor y pesebrista barcelonés Domingo Talarn
(114), tres meses después de recibir los restos de su hija Enriqueta y de su
esposa Agustina, que estaban en el nicho 189, isla 3ª, agrupación interior,
departamento 1º, piso 2º, del cementerio de Poblenou (115) y los de su segundo hijo
José, que estaban enterrados en Prats de Mollo-La Preste, Francia. Panteón sobre
el que ahora tienen los derechos las monjas Hermanas Franciscanas Misioneras de
la Natividad (DARDERAS), a las que José Heras lega una cantidad en sus dos
primeros testamentos. Hasta que no se haga público el testamento de Francisca
Farriols en 2030, no podremos saber exactamente como llegó a las monjas
Darderas ese panteón, pero al morir Francisca sin sucesión, es fácil suponer
que legó el panteón a esas monjas, ajenas a la familia Heras y a la familia
Farriols, con las condiciones que ponía José, de respetar la estancia de los
restos del matrimonio Heras con sus dos hijos, y de su hija política Francisca
Farriols. Me consta que, al menos hasta el año 2016, las Darderas habían
respetado esa voluntad, y también la de que su nombre y apellido permanecieran en
la base del mismo (116). Agustina Sagristá Marquet había nacido en Barcelona en
1824 (el mismo año que su marido) murió en su domicilio de Puertaferrisa 11, 2º,
el día 31 de mayo de 1879, a las seis de la tarde a causa de una
pleuro-neumonía, cuando contaba 51 años de edad. Como ya se ha dicho, fue
enterrada en el Cementerio General (Poblenou) al día siguiente, y más tarde
trasladados sus restos al panteón familiar de Montjuïc, donde todavía descansan.
José Heras y Agustina Sagristá se habían casado en la parroquia de San Agustín
el día 23 de diciembre de 1848. Seis meses antes de tener a su primer hijo
José. Los padres de los cuatro hermanos Filomena, Joaquina, Adelita y Evaristo
Bofill Bonay: Adela Bonay Carbó, nació el día 15 de julio de 1857 a las dos de la
mañana, en la calle de La Paja nº 15. Su fallecimiento se produjo a las ocho de
la mañana, del 2 de octubre de 1913 con 54 años, de un tumor cerebral, en su
domicilio de la calle Cortes nº 442 pral.-2º, dejando dicho que no se
comunicara a nadie el momento de su entierro (117), igual que haría años después,
su hermano José (los dos hermanos que habían dado mucho que hablar en Barcelona
por sus conductas). El cadáver de Adela, como ya se ha comentado, fue conducido por la empresa de pompas fúnebres "La Egipcia" al cementerio de San Gervasio al día siguiente, donde descansó hasta 1990,
junto a su querido Federico Heras y a los tres hijos de ella Antonio María,
Joaquina y Filomena (50). La fecha de nacimiento de Federico Heras Sagristá,
fue el 19 de septiembre de 1853, a las siete de la mañana en la calle de La
Cendra nº 1. Su fallecimiento fue el 11 de diciembre de 1916, cuando a primeras
horas de la mañana, le encontraron muerto en su casa de la calle Rosselló nº
166- 4º piso (el certificado no dice quién le encontró, pero evidentemente
debió de ser su hijo Evaristo Bofill, que vivía con él). Tenía 64 años y falleció de tuberculosis
pulmonar, tres años más tarde que Adela y quince meses después de morir su
padre José. Fue enterrado en San Gervasio al día siguiente. Aquí hay una pregunta curiosa: si el cadáver estaba en la calle Rosellón 166, ¿por qué sus hijos Filomena y Evaristo utilizaron la funeraria Ferrán de la calle de La Paja 8, que está a casi dos kilómetros y medio del lugar de recogida del difunto, habiendo otras muchas funerarias más cercanas? Como datos para suponer la respuesta, podemos recordar que esa funeraria fue la que se utilizó para enterrar a José Heras y que tanto Filomena como Evaristo, en ese momento, no disponían de liquidez para afrontar los pagos de un entierro. Sabiendo que José había previsto y dejado pagados la manutención de su hijo y los estudios de su nieto, no sería de extrañar que hubiera dejado pagado también, el entierro de su hijo Federico. Evaristo Bofill i
Pichot nació en Barcelona el 26 de octubre de 1854, a las ocho de la mañana en
la calle Bufanalla nº 22. Se casó con Adela Bonay, en la parroquia Santa María
del Mar de Barcelona, el día 9 de abril de 1881. Desconozco fecha y lugar de su
fallecimiento, así como lugar de inhumación, aunque en una página de genealogía
en internet, aparece como fallecido en 1923 a los 68 años; y es posible, porque
en el censo de 1924 ya no aparece viviendo con Evaristo Bofill Bonay, aunque su
defunción, a mí no me consta en documento alguno. Lo que sí me consta
documentalmente, es que no fue enterrado junto a su esposa legítima, como sí lo
fue Federico Heras Sagristá. Recordemos que por entonces todos los derechos
sobre ese nicho ya eran de su hija Filomena Bofill Bonay. Francisca Farriols Anglada
nació en Barcelona, en la Plaza de San José nº 15, el día 26 de febrero de
1858, a las tres de la tarde. Se casó con Federico Heras, en la parroquia de
Belén de Barcelona, el día uno de abril de 1877. Se divorció de él en el
juzgado de Hospital, los últimos días del mes de julio de 1915. Falleció el 29
de octubre de 1930, con 72 años, siendo enterrada dos días más tarde, en el
panteón de José Heras, donde todavía descansan sus restos (118). El hermano
mayor de Federico, el primer José nació el 25 de junio de 1849 y murió el 10 de
diciembre del mismo año. Fue enterrado en Poblenou. La hermana siguiente a
Federico, Eulalia, nació el día 2 de diciembre de 1858, y murió de sarampión
con dos años el 21 de enero de 1861. Fue enterrada en Poblenou. La hermana
siguiente, Enriqueta Heras Sagristá, nació el 29 de octubre de 1860 y su
fallecimiento ocurrió el 2 de marzo de 1889, a las dos y cuarto de la tarde, a
consecuencia de “histerismo”, en el domicilio donde “accidentalmente” se
encontraba, de la Plaza d´els Josepets nº 2, de la Villa de Gracia (actual
Plaza de Lesseps) con veintiocho años de edad. Aunque la empresa funeraria
recogió el cadáver, para su traslado al cementerio de Poblenou, en el nº 262 de
la calle Mayor (Carrer Gran) de la parroquia de San José de Gracia, muy cerca
del lugar de defunción. En 1891, dos años más tarde de este suceso, en el
Ayuntamiento de Vila de Gràcia, en la sección de Obras y Urbanismo, consta la
petición de D. José Heras Roldós para realizar obras particulares de ampliación
en el edificio de su propiedad nº 256 de esa misma calle, lo que me hace pensar
que se trata de la misma casa con una renumeración, muy habitual en esos años (118b).
Del segundo José, del que falleció en Francia, tengo muy pocos datos. Sólo que nació
el día de Noche Buena de 1850 en la calle de la Cendra número 1, que falleció a
las dos de la madrugada del día uno de mayo de 1884 con treinta y tres años,
posiblemente de muerte natural y que sus restos, ahora descansan en el panteón
de José Heras. El hermano menor de los seis Heras Sagristá, Enrique, nació el
19 de julio de 1863, y murió el 27 de junio de 1865, con casi dos años. También
fue enterrado en Poblenou.
Los ocho
hermanos de Adela Bonay: El mayor Federico Bonay Carbó, nació en Barcelona en 1839,
murió el 24 de noviembre de 1916 (119). El segundo, José Antonio, nació en
Barcelona 1841, falleció el día 18 de septiembre de 1924 (117). La siguiente
hermana, Filomena Bonay Carbó, nació en Barcelona el 30 de mayo de 1843 y falleció
el día 23 de diciembre de 1884 con 41 años de edad, de un tifus cerebro-espinal.
Javiera Bonay Carbó, nació el Día de Reyes de 1845 y falleció con 47 años, de una "rotura del corazón" (igual que su padre) a medianoche del dia 28 de octubre de 1892, en la casa de su madre de la calle Cortes, y dos meses antes que esta. Joaquín nació en Barcelona el 29 de enero de 1847 y debió morir en Buenos Aires,
ya bien entrado el siglo XX. Antonio Francisco nació el 26 de mayo de 1850,
murió con dos años y medio, el 1 de octubre de 1852 y enterrado en Poblenou.
Asunción nació el 27 de julio de 1854, a las nueve y media de la mañana, y
falleció fuera de Barcelona, por lo que deduzco que debió de morir en Folgarolas
siendo niña. Alfonso nació el 1 de enero de 1859, a las nueve de la mañana y
desconozco la fecha de su fallecimiento, pero calculo que fue a finales de la
década de 1920 ó principios de la de 1930, siendo soltero. Hasta aquí los hermanos
de Federico y de Adela. Ahora los dos hijos de Adela y Evaristo Bofill i
Pichot: Antonio María Bofill Bonay nació en Barcelona el 7 de mayo de 1882, a
las seis de la mañana y debió de morir en Centellas, unos días antes del 16 de junio
de 1883, en que fue enterrado en San Gervasio. Caridad nació en Centellas el 6
de julio de 1884 y falleció en Málaga durante la Guerra Civil Española. Estos
fueron los dos hijos de Evaristo Bofill Pichot. Ahora vienen los cuatro de
Federico Heras: la primera, Filomena Bofill Bonay, nació el 19 de febrero de
1886, en la calle Bailén 70, a las cinco y media de la mañana. Falleció a las
tres y media de la noche del 31 de marzo de 1962, con 76 años, a causa de una
insuficiencia renal (igual que su hijo adoptivo Santiago), en el hospital Clínico de Barcelona. Su entierro se
produjo en el cementerio de San Gervasio, dos días más tarde. Su hermana
Joaquina, nació el 26 de enero de 1889, a las cinco y media de la tarde, en la
calle Cortes 372-3º. Murió el 18 de abril de 1891, con 27 meses, a las tres y media
de la madrugada, a causa de un “edema de la glotis”, en su casa de la calle
Bailén 70-1º. Fue inhumada en San Gervasio al día siguiente. La tercera hija de
Federico, Adelita, nació el 19 de marzo de 1890, a las cinco de la tarde, en la
calle Cortes 372-3º. Murió con cuatro o cinco años, seguramente en Folgarolas. La
del hermano más pequeño, Evaristo Bofill Bonay, nació el día 16 de agosto de
1894, a las dos de la mañana en la calle del Carmen 12 (según su cuestionable
certificado de nacimiento) que era donde vivía Evaristo Bofill i Pitchot. Falleció
el 11 de noviembre de 1977, a la una de la tarde, con 83 años, a causa de una
asistolia (casualmente igual que su abuelo José Heras Roldós) en su casa de Ibiza,
Avda. Ignacio Wallis 18- 1º. Su primera esposa, Joaquina Usac Mutós, nació el
18 de mayo de 1896, en la calle Poniente 50 de Barcelona, a las cuatro de la
mañana. Falleció el 5 de julio de 1922, a las veinticuatro horas exactas, de
una endocarditis séptica, según certificación facultativa (muy probablemente
provocada por un tifus previo, según me comentó “el Pape”). Ocurrió en
Barcelona en la calle Clot, nº 43 entlo., cuando contaba 26 años de edad.
Fue inhumada en San Gervasio el día 7. El año 1965, 43 años después de su
muerte, Evaristo Bofill Bonay lloraba su fallecimiento y seguía “enamorado de
ella” (sic). El nacimiento de Teresa Mercadé Turdiu ocurrió el día 3 de noviembre
de 1906 en Albiñana (Tarragona). Su fallecimiento fue el día 20 de octubre de
1987, a las nueve horas quince minutos, a consecuencia de un paro cardíaco, con
80 años de edad, en la residencia de ancianos Reina Sofía de Ibiza. Adela
Bofill Usac, mi madre, la última Bonay de raza, nació a las dieciséis horas del
día veintiséis de enero de 1920, en la calle Argentona 18 del barrio de Gracia,
y falleció el día 21 de diciembre de 2017, en el Hospital de Can Misses de
Ibiza, cuando le faltaban 36 días para cumplir los 98 años (125).
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Fotografías (121) (122): existen diversas
fotografías, aunque lógicamente muy antiguas, y el descendiente de Adela Bofill
Usac que está obstinado en pertenecer a la familia Bofill i Pichot, con el pretexto de
centralizarlas todas, se quedó con la inmensa mayoría de ellas. Una vez
fallecida nuestra madre, inicié una batalla legal que duró tres años, para que
esas fotos aparecieran en el caudal relicto de su herencia. Ningún hermano se mostró
interesado en ellas, ni en nada que no tuviera valor contable y crematístico
(típico de la familia, como ya hemos visto). Sólo mostraron interés y defendieron
el derecho a obtener su parte inmobiliaria, de las cuentas bancarias y de las
joyas. Todos los hermanos hicieron causa común contra mí y, al verme obligado a
demostrar que esa colección de fotos existía (dentro de una caja de Cola Cao, con forma de prisma rectangular, decorada con figuras chinescas), no pude demostrarlo ni tuve a
nadie que me apoyara. Esa batalla la perdí, lo que supuso que las fotos y otros
objetos de valor sentimental, dejaran de existir legalmente. Este hecho entraña,
lógicamente, darlas por perdidas a perpetuidad; pero personalmente, en el año 2010, mi madre me enseñó una de Federico Heras, muy bien conservada,
cuando contaba alrededor de los cuarenta. Se le veía sentado, y si no recuerdo
mal, estaba hecha en el estudio fotográfico “Napoleon”. Sin estar gordo, estaba
fuerte. Con traje levita de hilo negro y con una barba blanca, perfectamente cuidada
y recortada. Tenía el rostro atractivo pero serio. También se ve seria a Adela
Bonay, en una foto hecha poco tiempo antes de morir, en la que, por sus rasgos,
se percibe que fue muy guapa de joven.
Existe al menos una, antiquísima, la que
ha salido últimamente en internet, de Jacinto Bofill i Bassas, en la que se le ve
el extremo parecido con su hijo José María, y con su otro hijo Evaristo Bofill
i Pichot, del que al menos
existe una, ya comentada, en la que se le ve con
Filomena, la primera hija de Federico Heras, que está con su marido José Antonio
Biarnés Vila, con una guapísima Joaquina Usac Mutós, la primera esposa de
Evaristo Bofill Bonay; también está Caridad Bofill sujetando a la niña Adela
Bofill Usac, que tiene un año de edad. De Evaristo Bofill Bonay, hijo menor de
Federico Heras, existen muchísimas. Personalmente tengo una grabación sonora en
súper 8, en la que se le ve junto a su segunda esposa Teresa, y se le oye
felicitando el año nuevo 1976.
De Filomena Bofill Bonay, además de la comentada
existen muchas. De la niña Joaquina B. Bonay, también hay una, en la que se la
ve siendo bebé, con su hermana Filomena y su hermana de madre Caridad, siendo
estas dos muy niñas. De Federico Heras, hay otra en la que se le ve sentado, ya
muy enfermo y poco antes de morir. En sus flancos están sus dos hijos y en el
envés hay una nota que dice “Evaristo, Filomena y papá”. De Federico Heras hay
también otra, de cuando era púber, en la que se le ve sentado con dos amigos.
En Ibiza hay más, repartidas entre los descendientes de Evaristo Bofill Bonay, pero
las que tenía en su casa la hija mayor, Adela, como digo, no volverán a ver la
luz, incluida la lata de Cola Cao que las contenía.
Por último, decir que detrás de todas las
instituciones que han colaborado conmigo, y me han ayudado a recopilar documentos
e información, hay personas con nombres y apellidos. Sería injusto no reconocerles
y agradecerles su trabajo en conseguir legajos tan antiguos, y que en algunos
casos los han localizado después de mi insistencia en confirmarles que sí
existían. A todos ellos “MUCHÍSIMAS GRACIAS” por su profesionalidad y ayuda.
Pero si tuviera que mencionar a uno sólo, ese sería D. José Enciso. “Josechu”,
enterrador del cementerio de Montjuïc. Cuando yo llevaba dos horas buscando el
panteón de José Heras, con un calor anormal para esas fechas, sediento y exhausto,
me senté en un panteón sin número, de la familia Heras. Estaba cerca de los
números 8, 9, 11 y 628 de la calle de San Oleguer, pero yo estaba convencido de
que esos Heras no eran los Roldós, porque no se veía el nº 12, y porque en el
panteón, no había ningún bajorrelieve del escultor Talarn (123).
Panteon2.jpg)
Ya estaba totalmente descorazonado y convencido de que mi fin,
iba a ser vagar por esa enorme “ciudad de muertos”, como alma en pena hasta mis
últimos días; porque no estaba dispuesto a rendirme. Después de pasar frente a las
mismas tumbas cinco o seis veces, ya no sabía hacia dónde tirar ni qué hacer.
De repente vi en la lejanía a un señor limpiando un nicho, que iba a ser
ocupado esa tarde. Al contarle mi caso, y después explicarle quién había sido
José Heras, Josechu me auxilió y no me abandonó, hasta que una hora más tarde encontramos
el panteón de mi tatarabuelo “JOSÉ HERAS”. Ese momento fue para mí intensamente
emotivo, el final de un capítulo y la satisfacción, después de varios meses, de
búsquedas e indagaciones. Mi tatarabuelo José Heras Roldós podría tener al final,
su corona de siemprevivas el año del centenario de su fallecimiento (124) (116).
Josechu me dijo que siempre que pasara frente al panteón de José Heras, se
acordaría de él, por la fascinante historia que yo le había contado.
Aquí acaba el borrador de este ensayo
biográfico, del señor don José Heras i Roldós. Hijodalgo caballero donde los
haya, no sé si por titulación, pero indudablemente por condición, distinción,
elegancia y generosidad.
Salvo error u omisión involuntaria.
Autor Alejandro Lorenzo Bofill